LA PRESIDENCIA

En principio no existía una limitación en el número de mandatos presidenciales. Pero, como en tantas ocasiones, la costumbre y, sobre todo, el ejemplo dado por George Washington sirvieron para marcar la pauta. El primer Presidente fue reticente tanto para su primera elección como para la reelección. Pero, culminados sus ocho años consideró que era más que suficiente y se retiró de la vida política. Esa pauta de dos mandatos se convirtió en el ejemplo a seguir. De hecho, no fue hasta pasado un siglo que alguien se atrevió a cuestionar esa práctica.

Fue Ulysses S. Grant quién se planteó optar a un tercer mandato en 1876 pero las reticencias en el seno del Partido Republicano le hicieron desistir. En aquel momento no pesó tanto el ejemplo de Washington como el hecho de que su administración estaba siendo muy cuestionada por diversos casos de corrupción (no se ponía en duda la honorabilidad del Presidente sino la de algunos de los miembros de su administración y de otros escalones ocupados por republicanos). Además, existían fuertes tensiones a favor de superar definitivamente las secuelas de la Guerra de Secesión y reintegrar y normalizar definitivamente la vida política en los estados del sur (los considerados “estados rebeldes”). En todo caso, Grant no pudo optar a un tercer mandato.

30 años después, al inicio del siglo XX Theodore Roosevelt completó prácticamente dos mandatos (había llegado a la presidencia el 14 de septiembre de 1901 tras suceder al asesinado McKinley y fue reelegido en 1904 por una amplísima mayoría) y consideró que era suficiente, retirándose a pesar de contar sólo con 49 años cuando dejó la Casa Blanca. A esa edad, la mayoría de los presidentes empezaban a considerar la posibilidad de presentarse a las elecciones. Pero cuatro años después creyó que debía volver a postularse por la política desarrollada por su correligionario y sucesor Taft. Pero se encontró con la oposición del Partido Republicano, lo que le llevó a adherirse al naciente Partido Progresista y optar a la presidencia para un tercer mandato (si bien, no consecutivo). Y a punto estuvo de tener éxito. Es el único candidato, no perteneciente a uno de los dos grandes partidos, que logró quedar segundo en las elecciones, superando incluso a Taft.

En todo caso, cuando Franklin Delano Roosevelt (sobrino de Theodore) decidió presentarse a un tercer mandato en 1940 no sólo no había ninguna norma que lo impidiese, sino que existían precedentes. Además, EE UU estaba en una situación excepcional. Recién salidos de la Gran Depresión (en parte gracias a las políticas del “New Deal” preconizadas por Roosevelt) y en pleno debate sobre la conveniencia de entrar o no en la II Guerra Mundial y, en el caso de entrar, con la duda de en qué bando debían hacerlo. En esas circunstancias, FDR opta y obtiene la victoria, aunque con menos margen que en las dos elecciones anteriores.

Pero cuando se presentó para un cuarto mandato, en 1944, las alarmas se dispararon. Sobre todo porque, a pesar de las particulares circunstancias mundiales que se estaban viviendo, muchos recordaron uno de los objetivos prioritarios de los Padres Fundadores: evitar a toda costa todo lo que pudiese asemejarse o recordar a los regímenes monárquicos o dictatoriales del viejo continente y de otros momentos de la historia.

En ese contexto se propone y se debate la Vigesimosegunda Enmienda (XXII, 1951) que tardará años en concretarse y en entrar en vigor y que dice “No se elegirá a la misma persona para el cargo de Presidente más de dos veces, ni más de una vez a la persona que haya desempeñado dicho cargo o que haya actuado como Presidente durante más de dos años de un periodo para el que haya sido elegida como Presidente a otra persona El presente artículo no se aplicará a la persona que ocupaba el puesto de Presidente cuando el mismo se propuso por el Congreso, ni impedirá que la persona que desempeñe dicho cargo o que actúe como Presidente durante el periodo en que el repetido artículo entre en vigor, desempeñe el puesto de Presidente o actúe como tal durante el resto del referido periodo”.

Hay que llamar la atención, primero, sobre el hecho de que la limitación se refiere, exclusivamente, para el cargo de Presidente. Nada impide, pues, que un Vicepresidente lo sea por más de dos mandatos. Ni hay ninguna referencia para los miembros de la Cámara de Representantes ni para los Senadores. De hecho, no es extraño el caso de miembros de una de las cámaras que se “eternizan” en la misma. No tendría nada de particular en el caso de los Representantes, ya que sus mandatos son de dos años, pero llama la atención en el caso de los Senadores, cuyo mandato es de 6 años.

Se han dado casos, de hecho, de senadores que han encadenado hasta 7 mandatos, o sea, 42 años en la cámara. Si tenemos en cuenta que la edad mínima para poder optar al cargo de senador son 30 años (25 para los Representantes y 35 para el Presidente y Vicepresidente) nos damos cuenta de que estamos hablando de un senador con, al menos, 72 años. No es extraño pues que sea frecuente que un senador fallezca siendo, todavía, miembro de la Cámara alta.

Un caso extremo es el de Robert Byrd, fallecido en junio de 2010. Byrd fue elegido para la Cámara de Representantes en 1952 y fue reelegido en 1954 y 1956. En 1958 decidió cambiar de cámara y tuvo éxito consiguiendo uno de los escaños senatoriales de Virginia Occidental. Escaño que renovó hasta en 9 ocasiones. Estuvo en el Senado, pues, entre el 3 de enero de 1959 y el 27 de junio de 2010. Más de 50 años. Si a ello le sumamos los 6 que permaneció en la Cámara de Representantes, el bueno de Robert Byrd sirvió, en el Congreso de los Estados Unidos, durante 20.774 días.

En segundo lugar, tenemos que referirnos a la limitación para los Presidentes “sobrevenidos”, o sea, los Vicepresidentes que sustituyen en el cargo a Presidentes a medio mandato. Desde que la Vigesimosegunda Enmienda entró en vigor, se ha dado el caso en tres ocasiones:

  1. Harry Truman fue el primero en verse en esta circunstancia. Heredó el cargo a la muerte de FDR en 1945. Y fue reelegido en 1948. Cuando la Enmienda entró en vigor (1951) especificaba que su clausula no era de aplicación para la persona que ostentaba el cargo de Presidente en ese momento, o sea, Harry Truman. Sin embargo, el Demócrata decidió no presentarse a las elecciones de 1952.
  2. Lyndon B. Johnson se vio afectado por la misma clausula. En su caso, había sustituido a JFK tras su asesinato en Dallas en 1963. Por lo tanto, con poco más de un año de mandato por delante. Johnson se presentó a la reelección en 1964 y obtuvo una cómoda victoria (una de las más cómodas del siglo XX, de hecho). Y podría haber optado a un segundo mandato completo en 1968 pero la agitación (social e interna, en el Partido Demócrata) a cuenta de la Guerra de Vietnam y por la polémica de los derechos civiles le disuadieron de intentarlo.
  3. Gerald Ford es un presidente atípico. En primer lugar porque llegó a la presidencia sin haber pasado por las urnas (es, de hecho, el único caso en la historia de los EE UU). El ticket Republicano de 1972 lo formaban Richard Nixon y Spiro Agnew. Agnew dimitió el 10 de octubre de 1973 tras ser condenado por evasión fiscal y blanqueo de dinero (en su etapa como Gobernador de Maryland) y en medio de la tormenta Watergate que empezaba a hacer mella en la administración republicana. Se aplicó entonces (por primera y única vez) la Vigesimoquinta Enmienda (XXV, 1967. Aprobada tras el asesinato de Kennedy y la jura de Lyndon B. Johnson) que contempla el mecanismo para cubrir la vacante en la vicepresidencia y los supuestos de incapacidad (temporal o permanente) del Presidente así como la posibilidad de que el gabinete inste la incapacidad del Presidente. Según la XXV Enmienda, el Presidente propone un candidato a la Vicepresidencia que tiene que ser ratificado por ambas cámaras. Así fue como Nixon propuso a Gerald Ford (una opción sin perfil político definido después de comprobar que las cámaras no ratificarían a ningún candidato de más peso) que se convirtió en Vicepresidente sin haber pasado por las urnas. Pero, cuando el 4 de agosto de 1974 Nixon presentó su renuncia (es el único Presidente que ha renunciado al cargo) Ford se convirtió en Presidente. Tenía por delante más de 2 años de mandato y, según la XXII Enmienda podía optar a una reelección (pero sólo a una). Gerald Ford se presentó, se impuso por un estrecho margen al Gobernador de California, Ronald Reagan, y perdió las elecciones por 2 puntos de diferencia ante el casi desconocido Jimmy Carter. Obviamente, tras la jura de Ford como Presidente, tuvo que aplicarse de nuevo la Vigesimoquinta Enmienda para nombrar a un Vicepresidente y fue así como resultó elegido Nelson Rockefeller.

Puedes descargar aquí el documento completo en pdf:
Las Elecciones en EE UU

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