LOS DEBATES

Los Debates Electorales son, a día de hoy, parte indispensable de todo el proceso electoral. Tanto es así que antes incluso de que se lance la carrera de las primarias ya se celebran debates entre los potenciales candidatos. El año 2011, sin ir más lejos, se celebraron varios debates con una decena de posibles aspirantes a la carrera republicana por la nominación. Luego se celebran debates en diferentes estados y, una vez que las Convenciones han proclamado los tickets de la carrera presidencial se celebran Debates entre Candidatos a la Presidencia y Candidatos a la Vicepresidencia.

Pero, en contra de lo que pueda parecer, los Debates son una de las tradiciones más recientes, más tiernas, del proceso electoral estadounidense. En todo caso, hay dos momentos históricos que conviene tener en cuenta cuando hablamos de Debates Electorales en EE UU: uno es el famoso cara a cara entre Abraham Lincoln y Stephen A. Douglas de 1858; el otro es el no menos famoso enfrentamiento entre John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon.

8.1.- Lincoln vs. Douglas

El caso de Lincoln frente a Douglas es tomado como el referente primigenio de esta cuestión y cabe hacer dos aclaraciones previas. La primera es que no se trató de un Debate si no de una serie de siete. La segunda, que esos cara a cara no fue en la carrera por la presidencia si no en el proceso para optar a un puesto en el Senado de Illinois. En todo caso, se trata de un clásico entre los clásicos del Debate de la era moderna. Tanto es así que hay un modelo que es conocido como el Modelo Lincoln-Douglas.

El punto crucial de este Modelo es que sea un Debate sobre valores, sobre principios. De hecho, el enfrentamiento entre ambos políticos hunde sus raíces en algo tan de principio para los estadounidenses de mediados del XIX como el esclavismo. Lincoln se había alineado con las tesis abolicionistas, cada vez más pujantes entre los republicanos y, sobre todo, en los estados del norte. Douglas seguía defendiendo una institución que formaba parte del adn de buena parte de la nación. Así surgieron los primeros cruces dialécticos entre ellos que les llevaron a debates más o menos formales en Springfield y Chicago, dos de los distritos de Illinois. Tanta repercusión tuvieron esos encuentros que ambos contendientes optaron por celebrar, con reglas pre fijadas, otros tantos debates en los siete distritos restantes del Estado.

Una iniciativa que tuvo amplia repercusión en todo el país. Para que nos hagamos una idea, los principales periódicos desplazaron equipos a Illinois para ofrecer todos los detalles de esos encuentros y se dispusieron ediciones especiales para recoger íntegras las intervenciones  de ambos. Lo cierto es que cada periódico retocaba dichas intervenciones a favor de los intereses de uno o del otro según la adscripción ideológica de cada uno. Y esas versiones impresas tuvieron una gran importancia.

Lincoln perdió la elección a favor de Douglas, que era el titular del escaño. Pero, pasados los meses, decidió recuperar los textos publicados de aquellos debates y convertirlos en libro. Una iniciativa que tuvo tanto éxito que fue la base de su carrera presidencial posterior que le llevó a la Casa Blanca en 1860. Curiosamente, la Convención Republicana de ese año se celebró en Chicago y Lincoln fue aclamado en ella.

El formato de los Debates Lincoln-Douglas era tan simple como rígido. El primero de los contendientes hablaba durante 60 minutos, el contrincante respondía durante 90 y el primero tenía otros 30 minutos para cerrar el encuentro. En total, 3 horas de Debate, 21 horas en el conjunto de los siete Debates. Un sorteo decidió que Douglas fuese el primer interviniente en cuatro de ellos y Lincoln en los otros tres.

8.2.- Kennedy vs. Nixon

La televisión entró a jugar su papel en las campañas electorales en la segunda mitad del siglo XX en EE UU. El primer Debate, en contra de lo que se suele creer, enfrentó a Adlai Stevenson y a Estes Kefauver antes de las primarias de Florida en 1956. Stevenson era el Candidato con más posibilidades (de hecho, el ex gobernador de Illinois había sido el rival de Eisenhower en 1952) pero Kefauver (Senador por Tennessee) le estaba plantando cara y Stevenson creyó que un debate en televisión en Florida pondría las cosas en su sitio. No se equivocó. Ganó en Florida con el 52% de los votos y agotó los recursos económicos de Kefauver que no pudo hacer nada en California. Stevenson volvió a ser el rival de Ike en noviembre y volvió a perder.

[En 5 ocasiones, a lo largo de la historia, se ha repetido enfrentamiento entre los mismos candidatos: en 1952 y 1956 entre Eisenhower y Stevenson, siempre con vitoria del primero; en 1896 y 1900 entre McKinley y Bryan, también con dos victorias para el primero; en 1888 y 1892 entre Harrison y Cleveland, primero ganó Harrison y luego repitió Cleveland (es el único Presidente que lo ha sido en dos mandatos no consecutivos); en 1836 y 1840 entre Van Buren y Harrison (el abuelo), primero ganó Van Buren y luego triunfó Harrison; y en 1824 y 1828 entre Jackson y Quincy Adams, con victoria primero para este último y luego para Jackson.]

Pero es evidente que el Debate televisivo que marca el inicio de una nueva era (no sólo en EE UU) es el que enfrentó en 1960 a John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon. En realidad, en aquella ocasión se celebraron cuatro debates pero nadie se acuerda del segundo, del tercero y del cuarto. Cuando se habla del Debate Kennedy-Nixon todo el mundo se refiere al primero, el que tuvo lugar el 26 de septiembre de 1960 en Chicago, organizado por la CBS. Lo vieron 73’5 millones de personas y marcó la pauta de lo que sería este nuevo elemento electoral. Es unánime la opinión según la cuál, el Debate lo ganó JFK. Al menos, el Debate televisivo, porque las encuestas entre los que lo siguieron por radio fueron claramente favorables para Nixon.

Desde el minuto cero, la televisión fija ese elemento de distorsión que aplica a la comunicación política. Un elemento largamente analizado sobre el que, pese a todo, sigue sin haber acuerdo. Pero en el caso concreto de los Debates de 1960 me interesa llamar la atención sobre otro punto. En los casos más recientes, solemos tener una opinión de conjunto sobre los diferentes Debates de un mismo proceso electoral. Así, es general la opinión de que en este año 2012, Romney se llevó con claridad el primer Debate mientras que Obama compensó con creces en el segundo y en el tercero. En el caso de los cara a cara entre Kennedy y Nixon sólo ha quedado la impresión de ese primer Debate.

De hecho, el Segundo enfrentamiento, que tuvo lugar el 7 de octubre en Washington DC, organizado por la NBC fue ganado por Nixon. El Tercero, montado por la ABC el 13 de octubre en Nueva York, también fue ganado por Nixon. Y el Cuarto y último, celebrado también en Nueva York, terminó en empate. Así que si tuviésemos una visión de conjunto tendríamos que decir que Nixon salió airoso de los primeros Debates electorales televisados. Pero lo cierto es que no es eso lo que pervive en la memoria colectiva.

Lo que queda es que Kennedy enamoró a los estadounidenses y, en parte por ello, logró la victoria electoral. Nixon será recordado por la mala elección del traje, la camisa y la corbata; por no haberse querido maquillar; por no haberse afeitado; por su sudor en la frente; y por parecer cansado y aburrido. Tan a fuego quedó marcado el sello de la televisión en los Debates que lo que pervive son esos detalles “colaterales” pero es difícil encontrar una referencia al fondo de los Debates, al contenido. En este medio siglo se ha analizado la forma de ese primer Debate desde distintas perspectivas, pero el contenido ha quedado en el baúl de los recuerdos. (Hay más detalles sobre los cuatro Debates de 1960 y sobre otros Debates históricos en http://www.ourcampaigns.com/home.html).

8.3.- La Liga de Mujeres Votantes

Lo que está fuera de toda duda es que los Debates Kennedy-Nixon tuvieron un enorme impacto. Tanto, que no volvió a haber acuerdo para celebrarlos hasta 16 años después. Ni Lyndon B. Johnson, ni Richard Nixon (seguro que escarmentado por su experiencia de 1960) quisieron pasar por el atril. Y tuvieron que ser Gerald Ford (Presidente necesitado de legitimidad ya que no había pasado por las urnas) y Jimmy Carter (casi desconocido para el conjunto del país) los que retomasen la idea de la mano de la Liga de Mujeres Votantes, que asumió la organización de los Debates en las dos siguientes convocatorias (1976, 1980 y 1984).

Y resultó ser una buena idea, al parecer, ya que Ford, que iba por debajo en las encuestas por entre 25 y 30 puntos, se mostró más incisivo y “presidencial” y dejó en evidencia las lagunas de Carter en el Primer Debate (celebrado el 23 de septiembre). Ganó y se aproximó en las encuestas. Y eso, a pesar de cometer varios deslices en el segundo Debate celebrado el 6 de octubre. De hecho, terminó perdiendo por poco más de 2 puntos los comicios.

1976 marca la pauta de los Debates presidenciales en muchos sentidos. Se inaugura el principio de que haya tres Debates entre los candidatos presidenciales y un debate entre los candidatos a la Vicepresidencia. En aquella ocasión Robert Dole por parte de los Republicanos (que se habían deshecho de Nelson Rockefeller en la Convención) y Walter Mondale por los Demócratas en aquella ocasión. Ambos terminarían siendo candidatos de sus partidos a las presidenciales, sin éxito. Dole perdió en 1996 con Clinton y Mondale en 1984 con Reagan.

En 1979, la Liga de Mujeres Votantes inicia las gestiones para organizar los Debates del año siguiente. Y lo hace sobre las mismas premisas de 1976. Tres presidenciales y uno de vicepresidentes. Pero en 1980 había un candidato Independiente con ciertas opciones, John N. Anderson, de Illinois. Carter se negaba a admitir a Anderson en los Debates y Reagan se negaba a dejarlo fuera.

Las negociaciones fueron eternas, tanto que a dos semanas de las elecciones no se había celebrado ninguno, todavía. En realidad si se había vivido un cara a cara entre Reagan y el Independiente John Anderson, al que no había acudido Carter. Con la campaña tocando a su fin Reagan decide aceptar las reglas de Carter, convencido de sus posibilidades. Hubo, finalmente, uno sólo que se celebró en Cleveland, Ohio, el 28 de octubre y que fue uno de los programas de televisión más vistos de la década.

No es sorprendente si tenemos en cuenta que Reagan había sido una estrella del cine en los cuarenta y cincuenta y, en los sesenta, había triunfado en la televisión. Se movía con soltura ante las cámaras y desplegó todas sus artes para dejar en evidencia a un envarado Jimmy Carter. Cuatro años después no hubo tantos problemas y en la última ocasión en la que los Debates fueron organizados por la Liga de Mujeres Votantes se acordaron dos encuentros entre Reagan y Mondale. Uno el 7 y otro el 21 de octubre. Reagan volvió a salir airoso del trance y barrió al demócrata en las elecciones.

8.4.- La Comisión para los Debates Presidenciales

Convertidos ya en tradición, en 1988 los Debates sufren una primera revisión en profundidad. Para entonces, se constituye la Comisión para los Debates Presidenciales. Una organización apartidista y sin ánimo de lucro que se encarga de preparar estas citas desde entonces. Aunque no hay una ley federal que obligue a debatir, lo cierto es que, cada año, lo único que está en cuestión es cuántos habrá, con que formatos y donde se celebran. Si bien, ambos partidos han terminado por reconocer las gestiones de la Comisión y se ha ido estableciendo la costumbre como norma.

Para ese primer envite, la Comisión fijó dos Debates presidenciales y uno de Vicepresidentes. Pero el verdadero reto para la Comisión se planteó cuatro años después con la irrupción del Independiente Ross Perot en la campaña. Acudiendo a su propia fortuna y aprovechando la crisis económica, Perot disfrutó de unas expectativas que le llevaron a los Debates presidenciales (terminó obteniendo casi el 19 % del voto). De hecho, es el único “tercer” candidato que ha participado en estas citas. Cuatro años después, con menores opciones según las encuestas, Ross Perot quedó fuera de los Debates.

En el año 2000 se fijaron tres Debates presidenciales y uno de Vicepresidentes y el modelo se ha ido reproduciendo, esencialmente, a lo largo del siglo XXI. El del 3 de octubre, en Massachusetts, en atriles. El del 11 de octubre, con preguntas del público. Y el del 17 de octubre, sentados a una mesa. El 5 de octubre tuvo lugar, en atriles, el de Vicepresidentes. En aquella ocasión, el tercer candidato con opciones era el candidato del Partido Verde, Ralph Nader. Nader intentó entrar en los Debates, sin éxito.

Puedes descargar aquí el documento completo en pdf:

Las Elecciones en EE UU

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