LOS INMORTALES

Las mociones de censura son como las destituciones. No se anuncian, se presentan. Y se presentan, esencialmente, para ganarlas. De lo contrario, estamos ante una perversión de ese mecanismo constitucional y parlamentario. Bueno, hay otro objetivo para presentar la moción de censura, forzar un debate general sobre la situación política para demostrar la debilidad del Gobierno y/o para reforzar tus propias posiciones.

En la historia reciente de España ha habido dos mociones de censura contra el Gobierno: una, en el año 1980 contra el ejecutivo de Adolfo Suárez; la otra, siete años después contra el de Felipe González. En ambos casos no había opciones de que saliese adelante así que, en ambos casos, el objetivo era desgastar al Gobierno en ejercicio.

Le salió bien a Felipe González en el 80. La cuesta abajo de UCD era evidente, a pesar de haber ganado las elecciones un año antes; el descrédito de Adolfo Suárez creciente, tanto es así que terminaría presentando su dimisión en enero del 81; y la configuración del PSOE como alternativa viable, superada la fase marxista por empeño de González, evidente. La moción fracasó pero dos años después Felipe González logró la mayor victoria electoral que nunca nadie ha conseguido en España en democracia.

Las mociones de censura no

se anuncian, se presentan

Le salió mal, rematadamente mal, a Antonio Hernández-Mancha en 1987. Acababa de relevar a Manuel Fraga al frente de Alianza Popular. No tenía opciones de debatir con el presidente del Gobierno, puesto que no era diputado. Y se dejó convencer para utilizar esta argucia como alternativa. Error. Su discurso no era ilusionante. El PSOE tenía mayoría absoluta. Cero opciones de que la moción saliese hacia adelante. Y el presidente del Gobierno no está obligado a participar en el debate, los asesores de Hernández-Mancha no tuvieron en cuenta este pequeño detalle. Alfonso Guerra le dio un buen meneo secundado como teloneros por el resto de portavoces y su aventura al frente del partido de la derecha duró sólo un par de años.

Ahora Podemos impulsa, aparentemente, una tercera moción de censura. Si lo que busca es que sea exitosa, lo lógico hubiera sido garantizarse primero los apoyos, y margen tiene para hacerlo; luego presentarla, ganarla y a gobernar. Si lo que busca es generar un debate sobre la situación general o sobre la del Gobierno en particular, puede hacerlo. En la legislatura pasada, con mayoría absoluta, Mariano Rajoy se vio obligado a comparecer en un pleno sobre corrupción. Insisto, teniendo mayoría absoluta. Cuanto más fácil le sería a Podemos hacerlo en esta legislatura con mayoría tan exigua del PP.

Así que hay que pensar que el objetivo es otro. La imagen de la rueda de prensa de esta mañana recuerda, impepinablemente a la de hace algo más de un año, cuando Pablo Iglesias se postuló como vicepresidente de un Gobierno de Pedro Sánchez. Han cambiado algunos de sus acompañantes (ya no están ni Íñigo Errejón, ni Carolina Bescansa, ni Victoria Rosell, ni Julio Rodríguez) y ha aparecido la americana (parece que se la ha pedido a su primo, el de Zumosol), pero el recuerdo es inevitable. Parece lógico pensar que es una imagen de fuerza. No estoy sólo, me respaldan varias fuerzas (Compromís, En Comú, En Marea,…). Conviene recordar que a Hernández-Mancha también lo respaldaban otros partidos (el Partido Demócrata Popular, el Partido Liberal, la Unión Liberal,…) y ya hemos dicho cuál fue el resultado.

La moción de censura sí es una cuestión de nombres, el del candidato que se presenta

Así que no. No creo que vayan por ahí los tiros. Pablo Iglesias sabe que la moción de censura sí es una cuestión de nombres. De un nombre, para ser exactos. El nombre del candidato que se presenta. Pablo Iglesias sabe que la moción de censura, en España, es constructiva (al menos, mientras no se cambie la Constitución por acuerdo de todos los españoles), así que debe presentar un programa que convenza a la mayoría de la cámara. Pablo Iglesias sabe que no tiene ni una cosa ni la otra. Pablo Iglesias sabe que Mariano Rajoy no tiene que participar en el debate de esa hipotética moción de censura. Y sabe que los arreones se los va a llevar de Rafael Hernando, el portavoz del PP, y del resto de portavoces, comenzando por el portavoz del grupo socialista. Así que, ¿por qué este anuncio?

Tal vez lo que busca es convertirse en líder de la oposición, como la única alternativa al PP. Tal vez quiere aprovechar el proceso de primarias del PSOE para influir sobre la decisión de los militantes en el momento clave. Es posible que a Pablo Iglesias y a Podemos les interese una victoria de Susana Díaz que, a estas alturas, parece menos probable que nunca.

Siempre cabe la posibilidad de que sea verdad lo que dicen en privado algunos de sus colaboradores o excolaboradores, a Pablo le aburre el día a día del trabajo parlamentario. Tal vez le parece insustancial, monótono, sin brillo y necesita otras emociones. Puede ser.

En todo caso, haría bien Pablo Iglesias en tener en cuenta lo que decíamos al principio. Las mociones de censura no se anuncian, se presentan. Se presentan para ganarlas, no para perderlas. Y si lo que pretendes es abrir un debate, asegúrate de tener todas las de ganar. En este tipo de situaciones, como en Los inmortales sólo puede quedar uno. Y si no eres tú el que quedas, después de haber presentado la moción, si quién queda es Rajoy, si quién queda es Susana, o Pedro, si no eres tú el que queda, Pablo,… habrás hecho un pan como unas tortas, a las primeras de cambio.

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