ESCUCHA

En la calle Ortega y Gasset de Madrid hay un gran número de oficinas. Cada mañana, decenas de ejecutivos circulan camino de sus despachos. La presión máxima que soportan en sus trabajos se refleja en sus andares, en sus rostros. No pueden ocultarlo.

Calle Ortega y Gasset de Madrid

En la calle Ortega y Gasset de Madrid, a esas horas tempranas de la mañana, hay un hombre que está atento a los movimientos de esos ejecutivos. Cada mañana, durante un par de horas, se les acerca, les da los buenos días, les pregunta por su vida, se interesa por los nubarrones que les acompañan.

En la calle Ortega y Gasset de Madrid, cada mañana, se produce una suerte de terapia en marcha, sin diván, pero eficaz. Los ejecutivos llegan a sus despachos con una cierta carga positiva y nuestro hombre se retira, hasta el día siguiente, con un bagaje interesante en sus bolsillos. Porque el propósito de nuestro hombre es lograr unas cuantas monedas para poder sobrevivir.

Me cuentan, los que le han visto actuar, que es la forma más eficaz que conocen de pedir limosna en la calle. La generosidad de esos ejecutivos le permite, a nuestro hombre, recaudar más y en menos tiempo que la mayoría de sus iguales en otros puntos de la capital. La conversación y los consejos que obtienen los ejecutivos les otorgan el respaldo suficiente para afrontar un día de trabajo cargado de tensiones.

Todos ganan.

Maggie Siff como Wendy Rhoades en Billions

Cuando me lo estaban contando me vino a la cabeza Wendy Rhoades el personaje que interpreta Maggie Siff en la más que interesante serie Billions que produce Showtime y que va ya por su segunda temporada. Wendy juega un papel fundamental en Axe Capital, una compañía dedicada a las inversiones en bolsa, en la que la presión es máxima y las situaciones de estrés continuas.

Wendy Rhoades recibe en su despacho-consulta a los miembros de la compañía y los prepara psicológica y anímicamente para una reunión, para una negociación o para el día a día. Por su trabajo recibe una más que interesante remuneración.

Nuestro hombre es su propia compañía pero los servicios que presta son bastante similares y, salvando las distancias, su remuneración está muy por encima de la que obtienen sus iguales en Madrid.

En una sociedad en la que la conversación se ha convertido en una especie de mantra, en la que las redes sociales multiplican las opciones para interactuar con otras personas, por lejos que se encuentren, a mi me gustaría poner en valor la importancia de la escucha. Silenciosa por definición. Ligada a la reflexión para que sea eficaz. La escucha no puede ser como un frontón, que devuelva de inmediato una respuesta. Aunque tampoco debería de llegar a ser como un agujero negro que absorbiese toda la energía de la charla sin devolver nada a cambio.

La escucha, para ser eficaz, debe encauzar la charla. Debe ser atenta para poder ser reparadora para los participantes. La escucha es tal cuando facilita extraer todo lo que el hablante lleva dentro, incluso sin saberlo. La escucha es, probablemente, la herramienta más potente que tenemos los seres humanos junto a la reflexión, con la que interactúa permanentemente.

La escucha es incompatible, casi por definición, con la charla. La escucha es algo íntimo. Normalmente entre dos. Por eso no entiendo que confiemos la escucha, con esa alegría, a personas a las que no conocemos, de las que poco sabemos. Creo que algo estamos haciendo mal cuando depositamos esa parte de nuestro yo más íntimo lejos de nuestro alcance.

 

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