COSAS DE NIÑOS

María y Dani se empeñaban en meter el dedito en el mismo surco que se había generado en el parqué, entre dos de las tablitas que formaban el dibujo del suelo. María y Dani son primos, casi de la misma edad, no pueden estar juntos, pero tampoco separados. El calor de la estufa había afectado a varias de las tablillas del parqué. Había varios surcos por los que meter el dedito para ese juego que se habían inventado. Pero los dos querían meter el dedito en el mismo surco.

El resto de la familia contemplaba la escena divertida. Cosas de niños. La cosa se fue calentando. Era inevitable. De los empujones, más o menos discretos, María y Dani pasaron a los manotazos. Cosas de niños. Mis padres y mis tíos empezaron a contemplar la posibilidad de intervenir. Ya sabían que la solución no era fácil y que, casi inevitablemente, pasaría por castigar a los dos mocosos.

No recuerdo cuál de los dos empezó. Es lo de menos en realidad. El caso es que el Tontito, Tontita empezó a oírse en el salón con un compás casi perfecto. Tontito, Tontita; Tontito, Tontita; Tontito, Tontita en una creciente intensidad y con frecuencia creciente que se convirtió en insoportable. Había llegado el momento de intervenir. María y Dani, Dani y María castigados. Cada uno a un rincón. Ahí se acabó la historia. La pugna por aquella herida en el parqué no daba para más. Cosas de niños. A la media hora María y Dani habían perdido el interés por el parqué y sus surcos. Unas pocas lágrimas de cada uno y la separación física habían sido mano de santo. Cosas de niños.

Iñigo Errejón

Iñigo Errejón

Pablo Iglesias e Iñigo Errejón no son niños, pero la escalada que han protagonizado en las últimas semanas se parece mucho a una pelea como la que acabo de describir. La diferencia básica es que ellos no tienen unos mayores a su alrededor que los castiguen media horita para poner freno a su enfrentamiento. Una de las claves en este tipo de encontronazos es saber medir las fuerzas, tener en cuenta las consecuencias y pensar en el minuto siguiente a la finalización de la lucha.

Pablo Iglesias

Pablo Iglesias

Cuanto más allá se vaya, cuanto más daño se haga, más difícil es controlar las consecuencias y afrontar con garantías la reconstrucción. El espectáculo creciente de acusaciones, descalificaciones y desencuentros que hemos vivido en este nuevo año en Podemos no es demasiado diferente a lo que hemos conocido en otros partidos. Llama la atención, sí, que sea precisamente en uno de los nuevos partidos que más diferencias ha marcado con las formaciones tradicionales. Por lo demás, nada demasiado nuevo bajo el sol.

Iñigo Errejón y Pablo Iglesias

Iñigo Errejón y Pablo Iglesias

Lo que sí llama la atención, me llama la atención a mí al menos, es que ninguno, ni ellos dos ni todos los dirigentes de Podemos, hayan pensado en el lunes 13 de febrero. Uno y otro, Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, dicen en privado que si se sientan media hora los dos solos, el problema se encauza y se soluciona. ¿Por qué no lo hacen? ¿Por qué no lo han hecho? Dicen los dos en privado, y no tan en privado ya, que los entornos, la gente que les rodea en sus equipos más cercanos, emponzoñan la conversación. ¿No será más fácil meter en vereda a esos entornos o hacerles ver que el beneficio general para todos ellos es mayor parando que siguiendo?

La calle en la que vivía de crío tenía la ventaja de que tenía muy poco tránsito de coches. Así que la tomábamos al asalto para jugar al fútbol en cuanto teníamos un rato libre. Los portones de alguna casa servían de porterías. Sólo necesitábamos una pelota. No recuerdo como se llamaba el vecino que siempre disponía de una pero, como solía pasar, no era el más avezado en la cosa balompédica. Daba igual. La pelota era suya y si queríamos jugar, él tenía que estar en alguno de los equipos. ¡Sapo para dentro! Cuando su madre se asomaba a la venta y le llamaba ya sabíamos lo que significaba. El partido había terminado. ¡Sapo para dentro! O nos recogíamos todos o buscábamos otro entretenimiento.

Así son las cosas. No se puede jugar un partidillo sin pelota. Pero con una pelota no se juega un partido.

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