RAJOY NO ES BARTLET

“Lo más probable es que haya elecciones en España el 26 de junio”. La frase la escuchaba David Cameron de boca de Mariano Rajoy en Bruselas. Era el 18 de febrero. Otra de esas pilladas que las cámaras y los micros han convertido en rutina en los últimos años de la vida política de un personaje al que buena parte de los ciudadanos identifican con el silencio y la fobia a los periodistas y a los micros y cámaras que portan de continuo para su labor profesional.

 

 

Algunos tuvimos la osadía de acordarnos, ese día, del Capítulo 16 de la Tercera Temporada de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Ese capítulo en el que el Presidente Josiah Bartlet simula meter la pata durante una entrevista cuando cree que no está en directo. En realidad, el astuto Bartlet le deja un recadito a su oponente, el Gobernador Robert Ritchie, y cambia el signo de la campaña para las presidenciales. Astuta jugada que algunos, insisto, maliciosamente, pensamos que Rajoy había traído a nuestros días para condicionar la negociación entonces en marcha entre el PSOE y el resto de fuerzas parlamentarias. Todas, ¡no! Pedro Sánchez se había negado a negociar con el PP, ERC, DiL y Bildu. ¡Ahí es nada!

En realidad, tengo la sensación de que aquella pillada bruselense fue un buen ejemplo de lo que está pasando en España desde el pasado 21 de diciembre. Todos los partidos juegan sus cartas y disimulan con más o menos éxito sus manos, mientras a los populares y a Rajoy, en particular, todo les sale al revés. Y, claro, andan con las vergüenzas al aire casi de continuo.

Veamos. Ninguno reconoce en público querer elecciones en junio. Ninguno admite en privado que las cosas podrían irle mejor con nuevas urnas. Es más, alguno asegura que físicamente no podría soportar otra campaña electoral ahora. Alguno alerta de que una nueva llamada a los ciudadanos está condenada a la más absoluta de las incertidumbres. Pero todos, y cuando digo todos, digo y quiero decir todos, están trabajando con la vista puesta en el 26 de junio. No en el 2 de marzo. No en el 5 de marzo. No en abril. No en mayo. En el 26 de junio. En el 10 de junio, si quieres, que es el día en el que empezaría la campaña electoral.

 

 

Y sin embargo, el único que ha enseñado la patita, o al único que se la hemos visto, es a Mariano Rajoy. Te entiendo perfectamente, Presidente en funciones. Entiendo que no quieras ver un micrófono, una cámara o un periodista dentro del espacio Schengen. Por si acaso.

Entre tanto, y tras 22 días de negociaciones y multitud de reuniones, encuentros, saludos y demás, Pedro Sánchez ha firmado un acuerdo que le garantiza 131 diputados. ¡Enorme! Ocho diputados más de los que Rajoy tenía asegurados cuando se negó a ir a la sesión de investidura. 45 menos de los que necesita para ser elegido en primera votación. Soy yo o resulta poco bagaje para todo un mes de febrero de frenética actividad.

No nos equivoquemos.

Rueda de Prensa de Pablo Iglesias en el Congreso el 22 de enero de 2016

Rueda de Prensa de Pablo Iglesias en el Congreso el 22 de enero de 2016

El líder socialista ha logrado un buen puñado de cosas. Primero, botellas de oxigeno y sherpas a su alrededor para seguir la ascensión hacia el poder interno. Segundo, ha metido un buen puñado de arena en los engranajes de las confluencias para obligar a Podemos a perder el tiempo limpiando los mecanismos internos y los que les unen con sus aliados aquí y acullá. Tan es así que Pablo Iglesias anda, por primera vez despistado. No sabe si jugar el papel prepotente de su comparecencia del 22 de enero, el de melifluo que mostró el 19 de febrero o si, directamente, es mejor desaparecer hasta que tenga que subir a la tribuna el próximo 2 de marzo. Demasiadas caras. Tercero, Sánchez ha cogido el foco que iluminaba a Rajoy y al PP, como elemento de gobierno y estabilidad y se lo ha puesto a Ciudadanos y a Rivera.

Así que, si hay elecciones, y nadie lo va a descartar a estas alturas, salvo desinformados como el que suscribe, Pedro Sánchez y Albert Rivera habrán recobrado algo de resuello a costa de Pablo Iglesias y Mariano Rajoy. Con lo que, esperan, es posible que las combinaciones post electorales para formar gobierno durante el verano sean definitivamente otras.

Albert Rivera y Pedro Sánchez. Foto: Juan Medina, Reuters. Vía elespanol.com

Albert Rivera y Pedro Sánchez. Foto: Juan Medina, Reuters. Vía elespanol.com

Pero pensemos que no hay elecciones. Pensemos que todos, aunque sea por caminos distintos, llegan a la conclusión de que unas nuevas elecciones sólo van a servir para empeorar la situación. Habría que trabajar con estos mimbres. Y, ¿qué se podría hacer entonces?

Los movimientos de Rajoy y Sánchez han dejado en mal lugar el papel de El Rey en el primer envite. Y lo saben. Por eso se echan la culpa el uno al otro.

Ni PP ni PSOE van a dar paso al otro. Esté o no esté Rajoy. Esté o no esté Sánchez. Los populares ya tienen programada una reunión con Ciudadanos tras las votaciones de esta semana. Pero no parece que Rivera vaya a romper sin más el acuerdo que acaba de firmar con Sánchez. Y Sánchez preferiría no volver a echarse a la cara a Iglesias salvo en el baño de la M-30. O, ni eso.

Así que, ¿hay solución?

 

 

Preguntémonoslo al revés. ¿Quién se ha jugado más en esa negociación y en ese acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos? ¿Quién ha colocado más cosas de su propio programa y quién ha renunciado a menos cosas?

Vale. Ahora vemos. El PP no va a dejar paso nunca al PSOE. El PSOE no va a dejar paso nunca al PP. Pero, ¿es posible que ambos se dejen paso mutuamente? Mejor dicho, ¿es posible que ambos se queden donde están para que sea un tercero el que de un paso al frente? Sería posible que, a la vuelta de Semana Santa, Albert Rivera pidiese audiencia en Zarzuela para decirle a Felipe VI algo parecido a Majestad, creo que puedo tener el apoyo del PP (o de una parte) y del PSOE (o de una parte) para formar Gobierno, si usted me propone.

De darse esa circunstancia, el Rey no se vería en la tesitura de tener que realizar otra ronda de contactos infructuosa (y un punto absurda) como las dos anteriores. Rajoy podría pilotar la transición (o refundación) del PP sin la sensación de estar en la oposición en contra de toda lógica. Y el PSOE podría revisar sus costuras con algo más de calma y sin la presión de tener que hacer frente al PP por un lado y a Podemos por el otro.

Como dije el pasado 25 de diciembre, la alianza entre el PP, el PSOE y Ciudadanos (bien sea frente al independentismo o en defensa de una reforma sensata de la Constitución, visto el cambio de posición del PP tras las elecciones) supone más de 250 escaños. 5 de cada 7 miembros de la cámara. Algo que nunca habría ocurrido en nuestra democracia. Ni reciente ni pretérita.

 

Borgen

 

Muy bonito ese capítulo de Borgen que has dibujado, pensaréis más de uno tras leer esta nota. Es posible. Cada vez que he jugado a futurólogo me he equivocado, o casi. Pero ¡no me digas que algo así no nos devolvería una cierta… confianza en el futuro del país!

 

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