REFORMA O RUPTURA

Me gustaría que alguien me explicara ese eslogan tan recurrente estos días de que “los españoles han hablado claro en las urnas, quieren diálogo, entendimiento, consenso”. O ese otro, no menos reiterado, de que “los españoles han manifestado su deseo de que se forme un gobierno de progreso”. Se ve que no hay nada más fácil que interpretar lo que ha pasado, después de que se produzca. Como si todos fuésemos economistas de postín.

Mañana se celebran los caucus de Iowa el primer paso para la larga carrera presidencia en Estados Unidos. Una de las características de estas asambleas locales es que, debido al pequeño tamaño de las sociedades de ese estado, los ciudadanos se reúnen, discuten, intercambian opiniones y, al final, toman una decisión. Todos ellos se ven las caras, escuchan sus argumentos y llegan a saber lo que sus vecinos quieren o esperan. Y tienen ocasión de manifestar sus propias opiniones.

En unas elecciones anónimas, con urnas, con voto secreto, como las de cualquier democracia moderna, como en España, este no es el caso. En unas elecciones cada uno vota lo que vota y lo que vota es que quiere que gane y que gobierne aquel partido al que le da su voto. Punto. Todas esas interpretaciones sobre intenciones, voluntades y demás son palabrería barata.

Decía esta semana Fernando Ónega, con su sensatez gallega (o sea, con retranca) que: Quizá habría que introducir una novedad en las futuras consultas: un apartado en cada papeleta que dijera “en caso de no obtener mayoría, deseo que pacte con…”, y el ciudadano escribiría el nombre de su segundo partido. Lo propongo formalmente. La propuesta de Ónega se da un aire con lo del segundo voto que se recoge en Alemania y que ha sido utilizado con frecuencia para anticipar los pactos postelectorales. Aunque, bien es verdad, que en lo que llevamos de siglo XXI no ha funcionado demasiado bien este sistema.

Con motivo de las pasadas elecciones municipales y autonómicas me permití sugerir algo que, aunque no lo parezca, va en la misma línea. En la entrada Hechos y palabras del pasado 23 de mayo deje escrito: Sería bueno que cada elector tuviese dos votos cuando va a las urnas. Uno a favor de la candidatura que quisiera y otro en contra, igualmente, de una candidatura. Un voto a favor y un voto en contra. Filias y fobias. Como la vida misma. El recuento sería sencillo. Los votos en contra computarían de tal forma que cada dos contrarios restarían uno de los favorables. Así que si una candidatura obtiene 1.000 votos favorables y 60 contrarios su balance final sería de 970 votos. Y a partir de ahí, a repartir escaños. Me reafirmo, sobre todo para evitar esas interpretaciones simplistas, tontas, que todos hacemos pasado el recuento de votos.

Hoy mismo leo a Fran Carrillo, especialmente contundente en las últimas semanas en sus opiniones, que: Dice y repite Iglesias que estamos ante la dualidad cambio o inmovilismo. Falso. La dicotomía real está, en estos momentos de urgencia nacional, entre estabilidad o rupturismo. Falso, digo yo también. La dicotomía hoy, en España, es entre Reforma y Ruptura. Como hace 40 años.

Todos sabemos que es necesario reformar la estructura del estado. Es necesario ponerle coto, de verdad y de una vez, a la corrupción. Es necesario establecer un sistema judicial del siglo XXI, con medios del siglo XXI. Y es necesario montar un modelo educativo consensuado para ponernos al nivel internacional que nos corresponde. Unos quieren hacerlo por asalto, rompiendo lo existente. Me sobrecoge escuchar a algunas personas a las que aprecio y cuyas opiniones siempre he estimado, afirmando con el gesto crispado, que les da igual todo. Que sólo quieren hacer saltar por los aires el sistema.

Otros, pensamos que es necesaria una reforma seria, en profundidad y con todas las opiniones incorporadas. Hace 40 años se quedaron defendiendo la ruptura en el Congreso de los Diputados los más extremistas y tardaron poco en desaparecer del mapa, afortunadamente para el bien de todos. ¿Quién apuesta hoy por la ruptura desde las instituciones? ¿Quién está dispuesto a quedarse fuera de la reforma, sabiendo cuales pueden ser las consecuencias?

Iremos viendo.

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Un comentario en “REFORMA O RUPTURA

  1. Comparto buena parte de tu reflexión. En especial la de la necesidad de una transformación consensuada. Para mi la interpretación del resultado electoral es que hay una diversidad de pareceres grande y que intentar hacer algo sin contar con el resto no será una buena apuesta, no sólo de presente, sino de futuro.

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