ROSCÓN DE REYES

Tengo la sensación de que un Premio guarda cierto parecido con un Roscón de Reyes. Lo ves ahí, cuando lo tienes delante, en su cajita, tan puesto, tan redondo, con sus adornos, con su crema asomando por los lados, diciendo cómeme que no puedes quitarle el ojo de encima. Pero, claro, es impepinable meterle el cuchillo, hacer trocitos y que cada uno le hinque el diente para disfrutar de su porción.

Los premios los entregan de una pieza y se recogen de una pieza pero, en realidad, suele haber muchas personas a las que les corresponde su porción, su trocito. No tenemos más que ver los agradecimientos de casi todos los que recogen un premio, por muy personal que sea. Empiezan a aparecer que si la familia, los amigos, los miembros del equipo, los ausentes, los que han jugado algún papel a lo largo de la carrera del premiado,…

Lo dicho, cada uno tiene su porcioncita, su ración. Aunque, a diferencia de lo que ocurre con el roscón, no siempre puedan saborearlo hasta las últimas consecuencias.

Esta semana he tenido la ocasión de recoger un Premio que nos habían concedido por un programa de divulgación en el que nos embarcamos hace un año, ConCiencia. La cosa era en la Asociación de la Prensa de La Rioja y he de decir que fue toda una experiencia. Pocas veces he visto tanto interés y amabilidad en este tipo de actos. Como dijimos en la recogida, el II Premio Viamed siempre será un referente para todos los miembros del equipo, ya que es el primero. Y eso, no hay forma de cambiarlo ya.

Volviendo para Madrid y en las horas posteriores no me quitaba de la cabeza toda la gente que nos ha animado desde el principio a seguir con esta idea loca. Todos los que han visto el programa y nos han hecho críticas y sugerencias. Todos los que se han enterado por diferentes vías y nos han hecho llegar sus ánimos. Tampoco me quitaba de la cabeza a todas las personas que han colaborado en esa primera temporada y en las que están colaborando en esta segunda. Científicos, investigadores, médicos, divulgadores, expertos,… las personas que de alguna forma, son la causa de que se nos ocurriese esta idea y que nos impulsaron desde el primer minuto porque creyeron en el proyecto tanto o más que Roberto, José Manuel, Dani y yo mismo.

Y yo, en particular, me he acordado mucho de un puñado de compañeros, y sin embargo amigos, que sé perfectamente (en unos casos porque me lo han dicho y en otros porque no hacen falta que me lo digan) que les habría hecho ilusión formar parte del proyecto. Todos ellos tienen su porción en este roscón y como ocurre siempre con los roscones, no hay que preguntar si se puede coger. Se coge y punto. Hasta que se acabe.

Los Premios, como los roscones, son para compartirlos, para saborearlos en compañía, para relamernos con cada bocadito. Comerlos en solitario es una solemne tontería, al margen de que es muy, muy aburrido.

Troceado queda. ¡A por ello, chic@s!

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