HECHOS Y PALABRAS

Pasar de los sondeos a las urnas es como hacerlo de las palabras a los hechos. Y ya se sabe que en este país nuestro somos más dados a hablar que a hacer.

Lo cierto, en todo caso, es que el recuento de papeletas deja un claro triunfo del bloque liderado por el Partido Liberal. Tan claro como insuficiente para gobernar con tranquilidad porque el bloque encabezado por el Partido Laborista ha mantenido posiciones y ha irrumpido una nueva formación, los Nuevos Demócratas, que con un resultado modesto condiciona la formación de cualquier mayoría estable.

Lo raro del caso es que el líder laborista le ha ofrecido al cabeza de cartel del nuevo partido la posibilidad de convertirse en Primer Ministro. Y eso que los laboristas han rozado los 80 escaños mientras que los nuevos demócratas apenas superan la docena. Asegura el laborista que sólo así se puede garantizar que los liberales salgan del gobierno, que el nuevo ejecutivo sea fuerte y que el país esté unido.

Desde esa inesperada posición de fuerza reforzada, el líder de los Nuevos Demócratas se ha ido a hablar con el Primer Ministro en funciones (su adelanto electoral no le ha reportado la sólida mayoría que buscaba) y le ha plateado un paquete de reformas centristas, lejos de las tradicionales posiciones de bloques que han caracterizado los últimos 40 años de vida política en el país. Consciente de su débil fortaleza, el líder de la emergente formación de centro se conforma con una cartera en el nuevo ejecutivo siempre que la política económica se cambie de arriba abajo y siempre que se tengan en cuenta sus postulados sociales como pilares del programa de gobierno de la nueva coalición. Una coalición en la que, por cierto, estarán representados partidos de todo el arco parlamentario (insisto, nada de bloques). Porque, finalmente, el acuerdo ha sido total.

Elecciones reñidas, resultados abiertos, acuerdos sólidos, de amplio espectro y con cesiones de todas las partes. Las votaciones no son un punto de llegada sino uno de partida.

Para el que piense que vuelvo a jugar a adivino o que se me ha ido el dedo publicando este apunte 48 horas antes de tiempo tengo que aclararle que no. Ha sido escrito el sábado 23 de mayo de 2015 para ser publicado el mismo sábado 23 de mayo de 2015. Pero antes de aclararlo tengo que hacer la oportuna advertencia de spoiler. Si eres aficionado a las series (y particularmente a las series de contenido político) piénsatelo dos veces antes de seguir leyendo.

Borgen

Lo que acabo de resumir en los párrafos anteriores es, básicamente, el contenido del último capítulo de la aclamada serie danesa Borgen. Terminamos de verla anoche y, como diría Hércules Poirot, se me quedó algún dato dando vueltas en mi cabeza. Es como si, de repente, todo encajase.

Olvídate por un momento de los nombres de los partidos, del comportamiento de los líderes o de buscar semejanzas o parecidos entre la ficticia situación descrita en la serie danesa y la real coyuntura del fin de semana que afrontamos en España. Insisto, ¡olvídate! Y piensa sólo en las líneas generales, en las corrientes de fondo.

Como no me creo, para nada, un tío especialmente listo y como hace un par de meses que terminó la emisión de esta serie en las pantallas españolas, estoy seguro de que varios asesores políticos y de comunicación en este país han revisado éste y otros capítulos de Borgen en las últimas semanas y tienen ya bien trazados planes de contingencia para las próximas semanas y meses en España. Bueno será.

Entre mis reflexiones de estas dos semanas de campaña hay una que ha resultado recurrente y que comparto contigo para cerrar este apunte.

Nos pasamos las campañas y casi todo el año cargando de importancia el voto que depositamos el domingo en la urna. Pero a lo que de verdad dedicamos tiempo y esfuerzo cada día es a criticar a este o a aquel político y a poner en cuestión su capacidad o sus ideas. Definitivamente somos más de criticar que de respaldar.

Y, sin embargo, al votar solo podemos apoyar. Habrá quién me diga, no es cierto porque al elegir una papeleta descartas las demás y con eso ya estás ejerciendo un importante voto de castigo. No estoy muy de acuerdo y, en todo caso, me parece que resulta insuficiente.

De estas reflexiones nace mi propuesta.

Sería bueno que cada elector tuviese dos votos cuando va a las urnas. Uno a favor de la candidatura que quisiera y otro en contra, igualmente, de una candidatura. Un voto a favor y un voto en contra. Filias y fobias. Como la vida misma. El recuento sería sencillo. Los votos en contra computarían de tal forma que cada dos contrarios restarían uno de los favorables. Así que si una candidatura obtiene 1.000 votos favorables y 60 contrarios su balance final sería de 970 votos. Y a partir de ahí, a repartir escaños.

Me parece que sería mucho más justo y, sobre todo, mucho más proporcional que todas las ideas que se plantean cada vez que se quiere poner en cuestión nuestro sistema electoral. Pero, sobre todo, me parece que va mucho más con nuestra forma de ser, de opinar y de trabajar.

¡Feliz día de reflexión!

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3 comentarios en “HECHOS Y PALABRAS

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