JUEGO DE BOBOS

Es la serie de moda. Vete tú a saber por qué. Y, tal vez, por tanta presencia, tanta referencia y tanta loa a mi empieza a parecerme un Juego de Bobos. Vaya por delante que me parece una serie meritoria, que sigo con entusiasmo y dedicación.

La trama medieval ficticia de George R. R. Martin parece ligada, en éstos nuestros pagos, a la figura del emergente Pablo Iglesias. No sólo porque esta semana se la regalase al Rey Felipe VI en un gesto de cara a la galería sino porque los chicos de morado están empeñados en convencernos a todos de que podemos encontrar en ella las claves de la actual situación política de España y, tal vez, del futuro que nos espera.

Felipe VI recibe las cuatro primeras temporadas de Juego de Tronos de manos de Pablo Iglesias. Vía elmundotoday.es

Felipe VI recibe las cuatro primeras temporadas de Juego de Tronos de manos de Pablo Iglesias. Vía elmundotoday.es

Ahora bien, no deja de llamarme la atención que Iglesias se sienta identificado con el personaje de Daenerys Targaryen. Es bien cierto que ambos lucen en su melena el principal de sus atributos. De eso no hay duda. Pero, me pregunto yo, hay más paralelismos o semejanzas. Veamos.

Los que conocen a fondo los libros de la saga de Canción de hielo y fuego identifican a Khaleesi con el deseo de venganza. Lógico si pensamos que su padre fue desposeído del Trono de hierro por sus desmanes, excesos, excentricidades y locuras. No en vano fue bautizado como el Rey Loco. De ahí nace un deseo de venganza familiar que Daenerys hereda a la muerte de su hermano, otro joven desquiciado que no duda en vender a su hermana a Khal Drogo, una bestia que ofrece, por ese matrimonio de interés y conveniencia, poner a su poderoso pueblo al servicio de ese afán de venganza camino de Desembarco del Rey.

Daenerys someterá su cuerpo a los deseos y necesidades del tal Drogo (sodomización incluida en plena noche de bodas) y aprenderá pronto las posibilidades que ofrece ocultar sus verdaderas intenciones para lograr sus objetivos. Aunque para ello tenga que traicionar a todo y a todos los que creen en ella tras convertirse en Madre de Dragones.

Daenerys Targaryen con uno de sus dragones

Daenerys Targaryen con uno de sus dragones

Uno de los mantras sostenidos por Iglesias y los suyos es que “En Poniente hay un mundo que se desmorona. Los intereses cruzados de las distintas familias han sumido a los reinos en la miseria, la violencia y la tristeza”. No veo yo, ni Iglesias tampoco, la verdad, que haya ningún mundo que se desmorone. La realidad es más bien que hay una “confrontación entre las distintas formas posibles de situarse respecto al poder”. Son palabras estas también de Iglesias. Por eso digo que estamos de acuerdo.

En realidad hay dos posibles formas de situarse respecto al poder: una, cuando se tiene, la otra, cuando se quiere alcanzar. Son dos posibles formas de situarse, pero en realidad son complementarias. Siempre hay quien quiere conservarlo y quien quiere conquistarlo. De eso va Juego de Tronos. En eso también estamos de acuerdo.

Dice Pablo Iglesias que “los políticos del viejo orden” y creo que sigue hablando de la serie, aunque tal vez no sólo “juegan como Meñique con mentiras y triquiñuelas bajo la idea de que ‘el conocimiento es poder’”. No hace falta recurrir a mentiras y triquiñuelas. El conocimiento es poder, sin duda. Otra cuestión es para qué o cómo se utiliza ese poder. Y continúa Iglesias “Mientras, la Khaleesi Daenerys avanza desde fuera del mapa con el convencimiento de que la fuerza es la de la gente, la de los esclavos que no luchan por su reina sino por su propia libertad”.

¡Ahí está!

¡Qué potentes son las buenas imágenes!

Khaleesi aclamada por sus súbditos

Khaleesi aclamada por sus súbditos

Khaleesi Iglesias avanza desde fuera del mapa con el convencimiento de que la fuerza es la de la gente. Qué más da el motivo por el que Daenerys esté fuera del mapa. Qué más da el motivo por el que Daenerys quiera volver al mapa. Qué más dan las triquiñuelas de las que se sirva Daenerys para llegar a Desembarco del Rey. La fuerza es la de la gente. La misma que se revuelve contra la Khaleesi en cuanto se dan cuenta de que sus promesas de libertad hechas realidad ponen en riesgo su propio modo de vida, su supervivencia. La misma gente que aspira a poder seguir viviendo su vida sin necesidad de jugársela para que la Madre de Dragones pueda recuperar el trono y el poder familiar que perdieron en su momento.

Porque si algo está claro en este Juego de Bobos es que el poder ni se crea ni se destruye, solo se transfiere de unas personas a otras sin que la gente, sin que los ciudadanos terminen de tocarlo nunca de verdad.

Daenerys con su Ejército de Inmaculados

Daenerys con su Ejército de Inmaculados

Los esclavos, por cierto, no luchan por su propia libertad. Ya la han alcanzado por decisión unilateral de Daenerys. Luchan por un botín, por una recompensa o, simplemente, porque han sido comprados, como el ejército de Inmaculados, a precio de oro. No hay grandes ideales, ni objetivos comunes, ni aspiraciones de un mundo mejor. Hay confluencia de intereses meramente económicos y de poder. De nuevo el poder.

Pablo Targaryen le ha regalado las cuatro primeras temporadas a Su Majestad porque no hay más editadas en España. Pero tal vez tuvo en cuenta también que en la quinta, la que se acaba de estrenar en las televisiones de medio mundo, la Khaalesi va recibiendo baños de realidad en forma de apedreamientos callejeros. No hay nada como acercarse a los arrabales del poder para descubrir que gestionar es tomar decisiones, no poner buenas palabras.

Hasta los dragones que la convirtieron en una figura magnética para las gentes de más allá de Poniente, están un poco hartos. Unos de estar encerrados en las catacumbas y el otro de ver a sus hermanos encerrados por su propia madre.

Tyrion Lannister

Tyrion Lannister

Pero Iglesias, Pablo, puede mantener un rayo de esperanza. El borracho Tyrion Lannister, la mejor cabeza de los Siete Reinos a decir del eunuco Lord Varys toma nuevos derroteros que le alejan de Desembarco del Rey, tal vez sólo para coger carrerilla para su regreso. Él, que siempre ha procurado medir con sensatez sus fuerzas y ha sido capaz de tejer alianzas con casi quién sea, y ha sido ayudado por los más pintorescos personajes de esta lucha por el poder sin cuartel, se ve ahora reconcomido por sus propias acciones y las consecuencias de las mismas. La sangre, que mana a raudales por sus manos criminales no le ha dado acceso al poder que tanto anhela.

Poder, por cierto, que siempre se conserva aislado en las altas e inexpugnables fortalezas. También cuando está en manos de la Khaleesi, aislada en su salón de audiencias que la eleva sobre la mirada y la posición de sus súbditos en una inmensa e inexpugnable pirámide de piedra coronada por su trono. No contenta con ello, Daenerys les impone asistir arrodillados mientras realizan sus peticiones. ¡Lo qué es el poder!

Sí. Definitivamente, estoy bastante de acuerdo con Pablo Daenerys Iglesias Targaryen. Estamos ante un Juego de Bobos en el que, por más vueltas que le demos, las mentiras y las triquiñuelas hacen fortuna. ¿No es así Khaleesi?

La Khaleesi en su trono

La Khaleesi en su trono

 

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