MÁS CRUSH QUE CANDY

A nadie le amarga un dulce… salvo a Celia Villalobos. Se la ha visto pasear, en las últimas horas, por los rincones más inhóspitos y solitarios de la Carrera de San Jerónimo con un caramelo, más crush que candy, atravesado en la garganta. No le van a perdonar que sustituyese el mazo de la presidencia de la cámara por el jueguecito del iPad que hace furor entre los ciudadanos comunes y corrientes.
Tal vez si la hubiesen pillado consultando páginas webs de maromos de buen ver, habría habido más permisividad, por aquello de la igualdad de sexos. Es posible también que si en lugar de asociar caramelos de colores hubiese estado ultimando la lista de la compra nadie se hubiese escandalizado. O sí. Seguro que más de una y más de dos le habrían echado en cara que fuese ella la que hiciese la dichosa lista para el Mercadona, cuando debía ser su marido el que, entre sondeo y proyección estratégica, se dedicase a pensar en las comidas de la semana.
Pero lo cierto es que a la ex alcaldesa, ex ministra y ex contertulia de cabecera del PP le afean sin piedad el haberse desconectado del Debate sobre el Estado de la Nación a la vista de todos. Bueno, en realidad lo que le afean es que la hayan descubierto en falta. Porque, seamos sinceros, quién no se ha puesto a tratar de superar el nivel 200 mientras su jefe desglosaba datos infumables en una reunión coñazo. A nosotros nos pasa mucho y eso que, según la tradición, tenemos dificultades para hacer más de una cosa a la vez. Así que Doña Celia seguro que no tuvo problemas para seguir el discurso de su jefe, y el de todos, mientras maquinaba como eliminar toda la gelatina del jueguecito. Por cierto, te imaginas lo qué hubiese sido si la pillan bajando avellanas y cerezas durante la intervención de Pedro Sánchez. ¡Se la comen!
¡Ay, Celia! Que difícil es comportarse como un ciudadano corriente. Si no lo haces, es que estás alejado de la realidad. Si lo haces es que no prestas atención a tu sagrada función pública de representación. Que injusta es la política expuesta al escrutinio de todos los ciudadanos.
¡Ay, Celia! Si hubieses salido el miércoles pidiendo disculpas por la pillada, es posible que te hubiesen tratado de hipócrita. Es más, es posible que los periodistas te hubiesen pinchado hasta sacarte de tus casillas. Por cierto, deberías recuperar el tono jovial y agudo de tus respuestas porque últimamente se te pone con demasiada frecuencia un tono hosco que no te pega nada. 
Pero el haberte parapetado en el laberinto de pasillos, puertas y despachos del histórico edificio del Congreso ha sido un feo gesto. A lo hecho, pecho. Y tú, querida Celia, siempre has dado la cara. Incluso con datos más que fundados de que te la iban a partir. Así que unos caramelos, una costumbre tan común en nuestra sociedad móvil, no es motivo ni para esconderse ni para evitar a los periodistas.
¡Reivindiquemos el Candy Crash!
Que serían nuestros viajes en metro, nuestras esperas en el ambulatorio, nuestros cigarros callejeros en solitario y nuestras reuniones de empresa sin la pasión por lograr los pedidos en el plazo de movimientos que nos fija el jueguecito.
Seamos serios. ¡A nadie le amarga un dulce!
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