FALTÓ AUDACIA

Con todos los ojos del país puestos en sus palabras, al Rey Felipe VI le faltó audacia para marcar, en forma y fondo, las pautas generales de un tiempo nuevo.

Tal vez había puestas demasiadas expectativas en el tradicional mensaje de Nochebuena del monarca, el primero en el caso de Don Felipe, pero es evidente que no se aprovechó una ocasión que no se volverá a repetir. Faltó audacia, en el fondo, para ser explícito en la referencia a su hermana, la Infanta Cristina. “Debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción” es un mensaje claro que sin duda buscaba el titular periodístico y lo ha conseguido. Pero cabría preguntarle al Rey que es lo qué piensa hacer en el caso de su hermana y, sobre todo, por qué no lo ha hecho ya.

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

El discurso estaba enfocado a fijar posición, nítidamente, sobre los casos de corrupción. Y Don Felipe estuvo hábil al formular sus afirmaciones en un campo que es difícil relacionar con el caso de Doña Cristina. Los ciudadanos necesitan estar seguros de que el dinero público se administra para los fines legalmente previstos; que no existen tratos de favor por ocupar una responsabilidad pública; que desempeñar un cargo público no sea un medio para aprovecharse o enriquecerse”. Palabras claras que no tienen encaje en el caso de su hermana. Ni se trata de dinero público, en su caso, ni ocupa responsabilidad pública, en su caso, ni cargo público, ni está claro que se haya enriquecido. Intento fallido en su primer y principal mensaje, por lo tanto.

Más atinado estuvo al poner sordina a la recuperación económica. “El sacrificio y el esfuerzo de los ciudadanos durante toda la crisis económica exige que los agentes políticos, económicos y sociales trabajen unidos permanentemente en esta dirección, anteponiendo sólo el interés de la ciudadanía. Porque la economía debe estar siempre al servicio de las personas.” Bien fijado el elemento central de la cuestión. Si la economía no sirve a las personas no tiene sentido. Y unos párrafos más adelante matice el entusiasmo del Gobierno durante las últimas semanas, “ahora nos corresponde a los españoles de hoy continuar la tarea de labrar nuestro mejor futuro; que empieza ya, que ha empezado ya”. Ha empezado pero se nota lo justito.

Pleno de acierto ha estado el Rey al abordar la cuestión de Cataluña. “No se trata sólo de economía y de intereses sino también y sobre todo de sentimientos (…) Me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales, desafectos o rechazos”. Aunque, efectivamente, la economía y los intereses estén en el sustrato fundamental, hace años que la movilización se está produciendo en base a los sentimientos y las emociones y por ahí hay que abordar la cuestión. Al margen de que, como ha dicho Don Felipe, “Nadie en la España de hoy es adversario de nadie”. Tal vez estamos pensando en “enemigo de nadie” pero el Rey ha preferido agarrarse al término adversario, utilizado por Artur Mas en algunas de sus intervenciones, para fijar claramente su posición.

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

Estamos, pues, ante un sólido discurso, bien armado, en el que el Rey ha dejado ver con claridad su mano. Pero, precisamente por ello, en el que aflora que le duele el caso de su hermana. Un dolor que le ha impedido ser más claro, más explícito. Tanto, al menos, como esperábamos muchos de los españoles.

Esa intervención personal en la construcción de las frases, en la elaboración de los mensajes, en la selección de las palabras, se notaba, sobre todo, en la interpretación del discurso. Felipe VI es un buen comunicador que mejora, además, en cada aparición pública. Ha superado algunos deslices en la comunicación verbal y en el uso de la voz y ha aprendido a sacarle partido a la comunicación no verbal. Sobre todo, en el uso de las manos.

Las muestra abiertas y generosas, cuando el pasaje lo requiere, o cerradas y firmes, cuando es necesario. Alterna la derecha y la izquierda con naturalidad, dejando más protagonismo, curiosamente, a la siniestra. Una lástima que la realización televisiva, apoyándose demasiado en el plano corto, restase potencia a la gestualidad del monarca. Es bien cierto que Don Felipe aguanta con profesionalidad ese plano corto. Y no es menos cierto que sabe sacarle partido a su rostro para redondear el mensaje que quiere transmitir. Pero los responsables de la imagen del mensaje deberían haber tenido en cuenta el conjunto de la comunicación. Y la han pasado por alto en algunos pasajes.

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

Me preocupa el exceso de edición que se nota en el mensaje que se emitió anoche. Ha habido mucha tijera y algunas transiciones se notan demasiado. No resultan naturales. No faltan quienes aseguran que es que el mensaje se ha grabado en varios días y por ello era más difícil mantener la unidad, la coherencia, la lógica discursiva. Puede ser, pero el resultado final se resiente. Y el plano general entrando por su derecha, con todo el sofá a la vista es una concesión a la galería que resta significado a sus palabras de una forma innecesaria.

Pensando, en los días anteriores, a lo que yo hubiese hecho si me hubiese encargado del mensaje, lo tenía claro. Habría grabado el discurso de pie, en un suave paseo. Cualquier que haya visto las series actuales de televisión se habrá dado cuenta que los mensajes que lanzamos mientras caminamos tienen una fuerza especial ante las cámaras y permiten una escenografía más ligera y más completa, toda vez que pasas por distintos escenarios. Es una forma de evitar el recargamiento de ese salón desde el que se dirige a los españoles.

Sin duda, en mi opinión, la escenografía ha sido lo más flojo del mensaje de este año. Primero por recargada. Demasiadas fotos, demasiados adornos, demasiadas luces,… Segundo por antigua. Es cierto que las cortinas y el color de las paredes y ventanas es más claro que en ocasiones anteriores lo que ayuda al conjunto del mensaje, pero seguimos viendo una casa “muy puesta” y decorada por Patrimonio Nacional. Personalmente, he echado de menos un toque Ikea, como el que tenemos buena parte de los españoles a estas alturas de la película. Y tercero por impersonal. No es suficiente poner tres fotos de la familia para dar la sensación de que estamos en un hogar.

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

Felipe VI en el Mensaje de Nochebuena de 2014

La escenografía ha fallado y se ha perdido una ocasión definitiva para demostrar que estábamos abriendo una nueva etapa, más allá de que hayamos cambiado de Rey apoyándonos en la normalidad constitucional e institucional que, Don Felipe ha tomado como ejemplo para dejar un mensaje interesante “Respetemos la constitución y sigamos construyendo un proyecto que respete nuestra pluralidad y genere ilusión y confianza”.

Trece minutos con muchas claves, con muchos elementos, con muchos puntos a analizar. Que sería bueno que abordásemos sin apriorismos y con algo más de espíritu constructivo del que suele ser habitual en estos casos.

Para el olvido, sin ninguna duda, las fotografías con las que se cerraba el mensaje. No por las imágenes en sí mismas sino por el abuso absurdo e innecesario del retoque, tanto el de Photoshop como el de composición para generar una falsa ilusión de tridimensionalidad que nada aporta y en nada mejora el conjunto.

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2 comentarios en “FALTÓ AUDACIA

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