LAS CUENTAS DE ARRIOLA

Queda dicho que estamos en curso electoral. O que estamos a punto de entrar en año electoral, al menos, por partida triple: municipales, autonómicas y generales. Ya veremos si también catalanas, tal vez andaluzas y lo que se tercie. Así que no es de extrañar que todos los partidos dediquen notables esfuerzos a echar cuentas.

Todos están más o menos preocupados y entre los que más, el Partido Popular. No en vano es el que tiene más que perder. Alta cuota de poder municipal, y ahí aflora el despropósito de la reforma que despuntó en verano y se ha quedado en el cajón de los sueños imposibles. No menos alta la cuota de poder autonómico, habrá que estar atentos a que números apuestan todo desde Génova porque hay derrotas que están más que cantadas pero unas van a doler más que otras. Y, sobre todo, el gobierno del país.

Foto EFE vía sumadiario.com

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No es de extrañar, pues, que Mariano Rajoy abriese el curso con una reunión restringida, el primer fin de semana de septiembre, para fijar las líneas maestras del curso. Reunión que, por lo que parece, dio para mucho. Sobre todo, para inyectar optimismo de la mano de los análisis demoscópicos de Pedro Arriola. Un mes después de esa reunión, el panorama ha cambiado notablemente. Los primeros movimientos sonrieron al diseño hecho en forma de cese-dimisión-ahítieneslapuerta de Alberto Ruiz-Gallardón. Pero el estallido, nunca mejor dicho, de la crisis del ébola sitúa de nuevo al PP ante sus peores fantasmas, sobre todo en periodo cuasi electoral.

Dicen los que dicen que tienen acceso a fuentes presentes en esa reunión, que Arriola dibujó un panorama esperanzador a pesar de la irrupción de Podemos. Con la fragmentación de la izquierda y la dispersión del voto es posible que el PP pueda seguir en La Moncloa con un 35 % de los votos, 10 puntos menos que en las elecciones de 2011.

Posible es, sin duda. Pero con el actual panorama, a mi me parece poco probable.

El razonamiento de Arriola, al menos el que hacen circular las fuentes interesadas, se basa en que UCD gobernó en 1977 con el 34’5% gracias a que obtuvo 165 escaños y en 1979 con el 35 % y 168 escaños. Nuestra Ley Electoral tiene esas cosas.

Pero después de darle unas cuantas vueltas creo que el análisis es parcial y, por lo tanto, el pronóstico puede ser erróneo. Es erróneo, de hecho, en mi opinión. Y como tengo buen concepto profesional de Pedro Arriola, me genera muchas dudas que la explicación que circula por Madrid en las últimas semanas sea buena y haya salido de este sociólogo al que han bautizado como El Brujo. A ver si me explico.

Lo ocurrido en 1977 y en 1979 con UCD fue una rareza debida a la presencia, absolutamente extraordinaria de multitud de partidos con muy baja representación. Sólo la citada UCD y el PSOE superaron el 11% de los votos. Únicamente el PCE y AP se movieron entre el 5 % y el 11 %. Todos los demás estuvieron por debajo del 3 %.

En las últimas Elecciones Europeas, hasta seis formaciones se movieron por encima de ese 3 % aunque ninguna superó el 10 %. Es cierto que el PP se quedó en el 26 % y el PSOE en el 23 %. Pero ahí hay muchos votos en demasiadas manos.

Pensemos, por ejemplo, que en las últimas Elecciones Generales, las de 2011, hubo 29 provincias en las que sólo obtuvieron representación el PP y el PSOE. Ningún otro partido logró escaño en esas 29 provincias que repartían entre los 2 escaños de Soria y los 9 de Cádiz, por ejemplo. Pero es que en otras 8 circunscripciones sólo una tercera fuerza logró arañar un escaño. Tenemos pues que el bipartidismo fue casi perfecto en 37 de las 50 provincias españolas. (Dejo al margen Ceuta y Melilla por tratarse de casos mayoritarios al repartirse un solo escaño por circunscripción).

Si miramos a provincias con más alta competencia como Álava, Asturias, Guipúzcoa, Gerona, Lérida, Navarra o Vizcaya nos encontramos con que en todas ellas, salvo en Lérida, hasta cuatro partidos obtuvieron diputados. Llamativo. No digo nada de otras provincias que como Cádiz (9 diputados) o Baleares (8 diputados) repartieron sus escaños entre PP y PSOE exclusivamente. O en Coruña (8 escaños), Las Palmas (8 escaños), Zaragoza (7 escaños), Granada (7 escaños),… donde sólo tres partidos lograron representación.

Lo que quiero decir es que si dejamos al margen las siete provincias que reparten más de una tercera parte de los escaños (entre Alicante, Barcelona, Madrid, Málaga, Murcia, Sevilla y Valencia suman 131 de los 350 diputados) en las demás hay mucha pelea de aquí a noviembre de 2015. Quiero decir que igual que pasa en las tres provincias vascas, en Navarra y las provincias catalanas (Barcelona al margen) en cuanto hay una fuerza con pujanza tiene muchas opciones de obtener escaño. Y esos escaños suelen salir, casi siempre, de la fuerza mayoritaria que tiene un plus de representación en nuestro sistema.

Teniendo en cuenta que hay 37 provincias donde es más que posible la aparición de una tercera fuerza que no ha habido en las últimas convocatorias, no es descabellado pensar que, sólo por esta vía, hay entre 15 y 20 escaños que podrían cambiar de color en 2015. Insisto, sólo por esta vía. Y quiere esto decir que al entrar en juego provincias tradicionalmente inmóviles en lo que a reparto de escaños se refiere, las cuentas cambian sustancialmente. Y será necesario bastante más que un 35 % de los votos para lograr un resultado cómodo para gobernar.

Es más. Me atrevería a decir que si en el año 2004, el PSOE tuvo que gobernar con 164 diputados después de obtener el 42’5 % de los votos, en esta ocasión no va a ser menos.

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