LAS COSAS CAMBIAN

Cuando me desperté el viernes, Escocia todavía seguía ahí. Como siempre. En verde y gris. Todo había cambiado para que todo siguiese más o menos igual. Más o menos. Cuenta mi muy admirado Enric Juliana en La Vanguardia que “El Sí ha ganado en la calle, el Sí ha sido el vector porlítico más dinámico y el que ha propagado mayor entusiasmo”. Puede ser, pero me suena a aquello de la dulce derrota que dijo en 1996 Felipe González. Yo creo más, para este tipo de análisis, en hechos concretos. Los unionistas ganaron por 10’5 puntos la consulta que se presentaba muy apretada según las encuestas y sondeos de las últimas semanas. No sólo eso. Con todas las normas a su favor (voto para los mayores de 16 años, amplio horario de colegios abiertos entre las 8 de la mañana y las 10 de la noche, voto restringido a los residentes en Escocia y no para todos los escoceses, ningún requisito para dar validez al resultado salvo obtener un voto más,…) con todas las normas a favor, el NO ganó en 28 de las 32 circunscripciones. Todas salvo Dundee, North Lanarkshire, West Dunbartonshire y Glasgow. Sobre un total de 3.600.000 votos válidamente emitidos, el No obtuvo casi 400.000 votos más. Si no fuese por la trascendencia de la cuestión, diríamos que se trata de una victoria incontestable. Por tratarse de un tema constituyente, esencial, básico, y tal y como dije la semana pasada, podemos dejarlo en que 10’5 puntos de diferencia es un resultado claro que, pese a todo, deja un país casi dividido, casi por la mitad.

Scottish Independence Referendum 2014.  Foto Robert Perry para EPA vía The Guardian

Scottish Independence Referendum 2014. Foto Robert Perry para EPA vía The Guardian

Scottish Independence Referendum 2014.  Foto Dylan Martinez para Reuters vía The Guardian

Scottish Independence Referendum 2014. Foto Dylan Martinez para Reuters vía The Guardian

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así es, de hecho, si miramos los resultados de la encuesta publicada por Lord Ashcroft el mismo viernes. El 47 % de los hombres y el 44 % de las mujeres votaron a favor del sí. Ellas fueron un poco más conservadoras.

Lord Ashcroft poll

Lord Ashcroft poll

Pero esa misma encuesta deja otros resultados mucho más interesantes. Por ejemplo, Los jóvenes de 16 a 24 años respaldaron la independencia con el 51 % de los votos y los jóvenes entre los 25 y los 34 años también. En este caso por el 59 %. Decantaron la balanza los adultos de entre 55 y 64 años, que respaldaron el No con el 57 % de los votos y, sobre todo, los mayores de 65 años que se decantaron por mantener la situación vigente desde 1707 por el 73 % de los votos. Contundente. El mayor respaldo a la independencia llegó de los votantes del nacionalista SNP, el partido de Alex Salmond (ya dimitido), con el 86 % de los votos. Pero es que los simpatizantes del resto de partidos rechazaron con claridad la independencia. Los Liberales con el 61 %, los Laboristas con el 63 % y los Conservadores con el 95 %. Un último dato que me ha llamado la atención, 3 de cada 4 votantes por el NO tenían decidido su voto, como poco, desde hace más de un año. 3 de cada 4. En cambio, la mitad de los votantes del SI tomaron su decisión en el último año y 2 de cada 5 se decidieron en el último mes. 2 de cada 5.

No parece pues que los últimos arreones de Cameron, Miliband, Brown y Clegg hayan decantado el resultado. Más bien, todo lo contrario. Parece que las promesas de más autonomía y las apelaciones sentimentales a los más de 300 años de vida en común lo que hicieron fue movilizar a los independentistas, aunque tampoco mucho.

No por esperado me parece más llamativo el hecho de que sean lo más jóvenes los más proclives a cambiar las cosas. Da la sensación de que los jóvenes ya no sólo necesitamos matar al padre para afirmar nuestra personalidad. Ahora también necesitamos matar a la madre y destrozar la casa en la que hemos vivido toda nuestra infancia y adolescencia para sentirnos bien con nosotros mismos y dueños de nuestros destinos. Curioso punto de partida, cuando menos, para una vida que, si algo nos enseña, es que más tarde o más temprano terminamos comprendiendo a nuestro padre, después de haberlo matado.

Urna

Urna

Claro que apelando a los poderes taumatúrgicos recién descubiertos en el derecho al voto, todo parece más sencillo. Votando se arregla todo. ¡Ponga una urna en su vida! No sé como Jorge Bucay o Paulo Coelho no han escrito todavía un libro sobre la necesidad de que todos tengamos una urna para acariciarla por la mañana mientras desayunamos, para besarla mientras preparamos la comida y para depositar nuestro voto diario después de cenar y antes de acostarnos. No tomaremos el control de nuestras vidas mientras no tengamos una urna igual que tenemos un voto.

No se si buscando una urna, pero desde luego tratando de recuperar los votos que se le han escapado a chorros al PSOE en los últimos cuatro años anda, en este inicio del curso, el nuevo Secretario General socialista, Pedro Sánchez. La semana ha sido intensa para el madrileño. Llamada telefónica a Jorge Javier Vázquez en Tele 5, entrevista en plató en El Hormiguero de Antena 3 y primera Asamblea Popular abierta en Zaragoza, horas después de que Juan Alberto Belloch anunciase que no volverá a ser candidato a la alcaldía de la capital aragonesa.

Albert Rivera

Albert Rivera

Me cuentan que detrás de esta estrategia de no ponerle puertas al campo o de abrir todas las ventanas de par en par está el nuevo equipo de comunicación de Ferraz con Verónica Fumanal a la cabeza. Fumanal ya asesoró a Albert Rivera en su lanzamiento como cabeza de cartel de Ciutadants en 2006. Aquello fue bastante bien y ahora trata de aplicar premisas parecidas para Sánchez. Me cuentan que Fumanal explica con desparpajo las premisas de su estrategia. Hay que ser atrevidos y osados, dice. Hemos venido a cambiar la política y es lo que estamos haciendo. El político tiene que estar donde están los ciudadanos, los votos. Tenemos que llegar a todos los ciudadanos, estén donde estén. Y eso pasa por acudir a otros espacios y visitar otros terrenos. Con las Asambleas Populares trata de poner pie en los tercios que hasta ahora parecían limitados a los populistas de Podemos (lo de populistas es terminología del propio Sánchez). Con la llamada a Sálvame, no está claro que tercios explora.

Está muy bien ser osados, atreverse, deshacerse de cadenas y prejuicios y conocer a los ciudadanos, a todos los ciudadanos de cerca. Pero el paso que ha dado Pedro Sánchez esta semana tiene, a mi modo de ver, dos riesgos.

Uno es el de la sobre exposición. Lo sabe bien Santiago Segura que le tiene cogido el punto a las campañas de lanzamiento de las sucesivas entregas de Torrente. Satura el mercado durante un par de semanas o tres y luego vuelve a sus cuarteles de invierno con cierta discreción. Pero el líder socialista no puede permitirse esa retirada. De hecho, tiene por delante 14 meses muy intensos. Así que si se sobre expone desde ahora, puede llegar destrozado a noviembre del año que viene, fecha inicialmente prevista para las próximas generales.

El segundo riesgo es el de la incongruencia. Después de haber llamado a Sálvame, de haber hablado en directo con Jorge Javier y de que su cara apareciese en pantalla asociada a un rótulo es muy difícil que Sánchez pueda criticar determinadas formas de hacer televisión. Parece que en Ferraz tuvieron mucho cuidado en que no estuviese Belén Esteban de por medio, en el momento de hacer la llamada. Pero Sálvame es Belén Esteban y Belén Esteban es Sálvame, con permiso de Jorge Javier. Así que tal vez fue una precaución innecesaria.

Veremos como le va la estrategia a Pedro Sánchez o si sólo se trata de un movimiento táctico. En todo caso, ya lo hemos dicho, tiene un tanto a su favor. Le funciona la empatía. El ejemplo de su presencia en El Hormiguero es para estudiar con detenimiento. Y si el análisis lo hacemos por contraposición, el resultado es apabullante. No tenemos que irnos muy lejos. Ésta es la imagen con la que Mariano Rajoy reaccionó el viernes al resultado del Referéndum en Escocia.

Mariano Rajoy reacciona al Referéndum de Escocia. Foto EFE vía El País

Mariano Rajoy reacciona al Referéndum de Escocia. Foto EFE vía El País

Lo aclaro porque en realidad lo que transmite es más bien la sensación de que acaba de movilizar a las tropas para invadir Portugal, o algo parecido. Ya sabemos que lo del Presidente del Gobierno no son ni las cámaras, ni los medios, ni la comunicación de masas. Él mismo lo ha dicho en público y en privado decenas de veces. Pero como Jefe del Gobierno tiene que saber sacarle partido a sus actos de comunicación. Para ello, tiene que rodearse de un buen equipo (hay gente muy solvente en Moncloa, a algunos de ellos los conozco desde hace años y he trabajado con ellos) y dejarse asesorar aunque sólo sea un poco (se que la Secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez de Castro, sigue pidiendo informes externos para ver como mejorar la comunicación presidencial, pero luego no puede poner en marcha esos consejos, algunos de ellos muy valiosos, por falta de apoyo del propio Rajoy).

No es momento, ni ahora ni nunca, pero ahora mucho menos, para despreciar el poder de la comunicación.

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