ESPEJO DE AZOGUE

Por más que miramos la imagen de la política estadounidense, lo más que vemos es el reflejo imperfecto que nos devuelve una especie de viejo espejo de azogue. Acabamos de tener un buen ejemplo en el proceso socialista para elegir al nuevo Secretario General.

Proclamación de los resultados de las elecciones a Secretario General del PSOE

Eduardo Madina, el deseado, había ido preparando el terreno para presentarse a unas primarias por la candidatura a la presidencia del Gobierno. Buen equipo, tiempo preparando las propuestas, poca ideas pero claras, suficiente conocimiento y plataformas activas en redes sociales. Eficaz punto de partida en el modelo americano. Pero no contaba con la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba y ahí comenzaron a truncarse sus planes. No supo adaptar su estrategia a la nueva situación y siguió pensando en el modelo americano. Craso error.

Pedro Sánchez, en cambio, lanzado como mirlo blanco  tal vez para despistar, preparó el terreno de otro manera. Consciente, él o su entorno, de que los partidos europeos nada tienen que ver con los del otro lado del charco, comenzó a trabajarse a sus iguales. Con distintos elementos pero con un mismo propósito, no tener a ningún colectivo importante en contra. Ya llegaría el momento de ganarse los que fuesen necesarios. Si miró Sánchez hacia Washington para “vender” bien una imagen americana de la política. Esa que buscaban buena parte de las bases socialistas.

Obvio en este análisis a José Antonio Pérez Tapias porque su participación en este proceso responde a otros parámetros que nada tienen que ver con los que aquí ponemos sobre la mesa.

A pesar de lo que decía con sus palabras una vez sí y otra también, Madina no preparó el terreno pensando en el PSOE sino en los simpatizantes, en los socialistas de fuera del partido y en las redes sociales. Siendo así que es miembro de la Ejecutiva Federal y Secretario del Grupo Parlamentario. Sánchez emanaba de las entrañas del PSOE para proyectarse hacia fuera. Hacia los círculos concéntricos del socialismo español. Siendo así que no tiene más cargo que el de diputado por Madrid en el Congreso.

Madina tenía un proyecto más elaborado, mejor construido, más solido y que podía defender con mejores argumentos. Es un tipo listo, muy listo, con excelentes colaboradores que llevaban meses trabajando las propuestas y, sobre todo, tiene algo más de “mili” que Sánchez a la hora de armar argumentos con mentalidad de estado. Interesante leer el recorrido que hace hoy Lucía Méndez. Pero Eduardo Madina lo vende, lo ha vendido fatal.

Sánchez ha tenido que armar su propuestas un poco a mata caballo. En demasiados casos ha tenido que improvisar, matizar y rectificar. En realidad, daba la sensación de no haber pensando en un conjunto coherente de propuestas sino en una serie de mensajes que captasen la atención. Le faltaba “mili”. Se le notaba y él era consciente de que le faltaba y de que se le notaba. Pero lo vende muchísimo mejor.

Lo primero que me llamó la atención fueron sus camisas blancas. Casi siempre remangadas. Casi siempre cerradas hasta el último botón. Siempre con cuello pensado para corbata, sin botones prensores. Siempre remangadas con pulcritud y cierto descuido. Esta mañana he releído a Gutiérrez-Rubí y sintonizo bastante con lo que dice sobre las camisas remangadas que se están poniendo de moda. No voy a insistir en sus ideas al respecto. Mejor leerlas directamente de su blog.

 

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Lo segundo fue el gesto natural que empezó haciendo con el puño izquierdo cerrado y en alto para saludar. Fuera de lugar me pareció en sus primeras apariciones públicas. Demasiado agresivo. Demasiado desfasado. Pero hete aquí que sólo unos días después encontró la transición natural y perfecta a un gesto mucho más moderno, positivo y cercano a los militantes. El puño, ese mismo puño izquierdo, dejaba escapar el pulgar para hacer el típico gesto del OK, ligeramente ladeado para darle personalidad propia.

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Súmale a ambos elementos esa estudiada sonrisa que tan bien da al natural y ante las cámaras, trufada por las marcas de las mejillas, los potentes ojos oscuros que sonríen igualmente y las incipientes canas de sus sienes y tendrás el conjunto fotogénico perfecto para encandilar la juventud responsable que muchos socialistas estaban buscando.

En cambio Madina no encontró nunca su estilo. Se presentó con camisa también remangada, pero azul y con logo de marca a la izquierda del pecho. Por cierto, en una puesta en escena que desmerecía el momento. El giro hacia el busto de Ramón Rubial en el Senado era anti natural y no favorecía las fotos. No han quedado ni rastro, estos días, de sus jerséis de pico (en distintas versiones) ni de sus cazadoras juveniles, ni de sus americanas con coderas en otro color. Ha apostado por polos sin personalidad, muchas veces con camisetas asomando por debajo. No ha encontrado un estilo claro y definido con el que identificarse.

 

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Pero sobre todo, Madina no ha sabido pulir sus gestos. Le cuesta sonreir en público. Ayer, en Ferraz, en la proclamación de los resultados, es cuando se le vio más natural. Se ladea demasiado exponiendo su flanco derecho lo que transmite una imagen demasiado agresiva que refuerza con una mano (también la derecha), a veces abierta a veces empuñando el dedo índice, no menos amenazadora. No ha sido didáctico ni cercano. Ha abroncado permanentemente a sus auditorios. Vale en el caso del debate del lunes 7, se trataba de confrontar. Pero era innecesario en el caso de los auditorios con gente que iba a escuchar sus propuestas. Ha equivocado la forma y ha perjudicado a su propio fondo.

 

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Creo que Sánchez y los suyos han sabido aprovechar la parte de la política americana que mejor se amoldaba al proceso que estaba en juego. La estética, la forma, el envoltorio. Y le han sacado partido. Curioso que en su primera imagen como Secretario General electo y con un calor de justicia en Madrid, Sánchez haya desempolvado la americana.

Pedro Sánchez y Susana Díaz

Creo que Madina y los suyos han equivocado el momento. Han apostado todo a un proceso de primarias a la americana. Cuando ni eran primarias, ni estamos en Estados Unidos, ni los militantes socialistas es lo mismo que los simpatizantes socialistas. Hay todo un aparato de diferencia entre ambos.

Más allá de este pasado reciente, ahora habrá que saber si Pedro Sánchez es la persona llamada a coronar con éxito una gran ronda con casi todas las etapas reinas por disputar, como desgrana hoy Gonzalo López Alba con su habitual saber y meticulosidad. O si es El Masovero que describe Enric Juliana con su fino olfato. O si simplemente es otro que anuncia que el PSOE ha vuelto, como hizo hace menos de un año Alfredo Pérez Rubalcaba en la Conferencia Política, para tener que reconocer, al primer golpe electoral, que sigue sin encontrarse a sí mismo.

Pero esa, como decía Moustache en Irma la Dulce, “esa es otra historia”.

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