HAN ABIERTO LAS URNAS

2013 está llamado a ser un año no electoral. No es un dato menor. Será el segundo de este siglo (el primero fue en 2002) en el que no habrá una convocatoria a urnas. Ahí es nada. El que viene, 2014, recuperaremos la costumbre con las elecciones europeas para, ya en 2015 pegarnos otro buen atracón a base de Municipales, Autonómicas y Generales. Todo ello, si nadie decide modificar el calendario electoral previsto. Veremos.

Elaboración propia

Elaboración propia

 

Y, sin embargo, tengo la sensación de que las urnas han irrumpido en nuestras vidas en los últimos días, aunque tardemos en ser plenamente conscientes. Trataré de explicarme.

El pasado viernes, el Consejo de Ministros aprobó el nuevo Programa Nacional de Reformas para el año 2013 y el nuevo cuadro macro económico para los próximos cuatro años. Los comparecientes en la rueda de prensa (la vicepresidenta, el ministro de Economía y Competitividad y el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas) hicieron mucho hincapié en que las previsiones del cuadro macro eran “realistas”. Como si las previsiones anteriores (las recogidas en los Presupuestos  Generales para 2013 y las del ejercicio de 2012) fuesen “imaginarias”.

Palacio de La Moncloa

Luis de Guindos, Soraya Sáenz de Santamaría y Cristobal Montoro

Tanto se esforzaron y tan duras eran esas cifras que los medios de comunicación y los analistas se echaron las manos a la cabeza. Como Lucia Méndez, en El Mundo, por ejemplo. O empezaron a desconfiar. Como Enric Juliana, en La Vanguardia, por ejemplo.  Ambas interpretaciones son lógicas y razonables y se ajustan a los datos presentados por el Ejecutivo. Ya se sabe que cuando los gobiernos hablan de realismo lo mejor es ponerse a temblar.

Me he pasado los últimos días revisando y leyendo buena parte de lo que en mis manos cae sobre este asunto para tratar de formarme una idea sólida y propia al respecto. En un primer momento me sentí próximo, como tantas veces, al agudo analista catalán que firma su Cuaderno de Madrid todos los domingos. Pero en esta ocasión tengo para mí que ha mirado demasiado hacia el viejo continente. Una mirada que en no pocas ocasiones me ha ofrecido una visión tan diferente como necesaria para comprender.

Es, en este punto, en el que yo preferí dirigir mi visión más hacia el interior. Al interior de España y al interior del Gobierno. Teniendo en cuenta que los anuncios del Consejo de Ministros del viernes venían de largo no cabe decir que los sucesos de las 24 horas previas condicionasen lo aprobado. Pero tal vez no cabe desligar una cuestión de la otra completamente.

Me retrotraigo. El jueves 25 se conocieron los datos de la EPA del primer trimestre del año. Desastrosos. Por primera vez superamos los 6 millones de parados (6.200.000 para ser exactos). Por primera vez superamos el 27 % en la serie histórica. Por primera vez, la suma de pensionistas y parados se acerca a la cifra de ocupados (16.600.000).

El paro es una de las prioridades declaradas del Gobierno, desde antes incluso de tomar posesión. La alta cifra de paro llevó a Mariano Rajoy a cambiar el nombre del ministerio, en un intento de potenciar una cartera teñida de negro desde el inicio de la crisis. Y, sin embargo, las cifras no dejan de empeorar. Volvemos al viernes. No es que las cifras del paro vayan de mal en peor. Es que el nuevo cuadro macro del Gobierno las pone, en 2016 (al inicio de la próxima legislatura, no lo olvidemos) peor que al iniciar esta en la que estamos.

¿Se puede uno dar más fuerte con el martillo en el propio dedo? Creo que no. Sólo me cabe una pregunta, pues. ¿Por qué presenta el Gobierno estos datos precisamente ahora? Voy a dar mi visión de la cuestión. Y a tratar de justificar los primeros párrafos de esta nota.

Está claro que el mensaje de los “brotes verdes” está podrido. Sin vida.

Está claro que los mensajes optimistas han dejado de generar ilusión. Han dejado de generar sonrisas. Y ya sólo provocan reacciones airadas.

Está claro que el Gobierno, este Gobierno, se encuentra en una situación socialmente tan complicada que tiene que empezar a trabajar ya en cambiar las tendencias (no sólo económicas) si no quiere ser flor de un día (de una legislatura, vamos).

Cabe aquí recordar que nunca en nuestra reciente historia, un jefe de Gobierno ha sido castigado a las primeras de cambio en las urnas. Todos han merecido una segunda oportunidad por lo menos. Pero seguro que los estrategas de Moncloa y de Génova tenían un ojo puesto en las elecciones del sábado en Islandia. Esas que han segado la cabeza de los supuestos salvadores para devolver al poder a los que hace cuatro años habían acusado de ser los causantes de la crisis económica y de todos los males del pequeño país insular del mar del norte.

Tengo para mí que el gurú Arriola, Pedro Arriola, ha estado haciendo cuentas y diseñando estrategias y ha llegado a la conclusión de que hay que empezar a marcar la pauta desde ahora mismo si se quiere llegar en condiciones a noviembre de 2015. Esos diseños a largo plazo ya le dieron buenos resultados en el pasado (tanto en 1993 como en 2008, con candidatos diferentes) y es muy posible que se los vuelvan a dar en el futuro.

El esquema es sencillo. Si pintamos un panorama negro, habrá pensado Arriola, tenemos poco que perder (ya tenemos casi todo perdido) y mucho por ganar. Rebajando las expectativas sólo tenemos margen de mejora y destrozamos el discurso de la oposición. Una oposición que, por cierto, ni está ni se la espera, más pendiente de no perder pie que de caminar con paso firme (y ya se sabe que cuando caminas  mirando para los pies te pierdes lo que tienes por delante y hacia dónde vas).

Más aún. El calendario electoral descrito más arriba, le viene de perlas a esta estrategia. Con 13 meses de margen hasta el próximo proceso electoral hay margen para que se acumule la suficiente indignación (si es que no tenemos ya bastante) como para propiciar un voto de castigo a la primera ocasión. Primera ocasión que es… en una elecciones europeas que nunca han interesado demasiado a los españoles y que, esta vez, pueden propiciar un mayor desahogo toda vez que parece que buena parte de todos nuestros males provienen de Europa. A por ello pues.

Si, además, cuenta el Gobierno con la pequeña ventaja de que el principal partido de la oposición tiene parecidos problemas podemos encontrarnos con unos resultados con marcado tinte antisistema que sirvan de bálsamo para una parte de la población tan cabreada como nada radical que necesita dar un puñetazo civilizado encima de la mesa.

Cubierto ese capítulo, entraremos en el complicado proceso de las municipales y autonómicas de mayo de 2015 con la correspondiente designación de candidatos y las susodichas guerras de sucesiones que correrán en paralelo con la designación (vete tú a saber de qué forma o manera) del candidato del PSOE

Portada El Mundo 29 abril 2013

Portada El Mundo 29 abril 2013

para las Generales del otoño de 2015. Un terreno enfangado en el que el PP piensa en poder ir presentando algún dato económico que mejore estas previsiones (las que hemos conocido el viernes). Lo que le permitirá ir abandonando la cara-vinagre que las circunstancias le van imponiendo.

Evidentemente, en la primavera del 15, los populares perderán cuotas de poder. El mapa es tan amplio que eso va de suyo. Ganaron (monopolizaron) tanto poder en 2011 que nadie cuenta con conservarlo todo. Pero los estrategas de Génova y de Moncloa seguro que están dispuestos a sacrificar algún peón en esta partida para evitar el jaque mate. Extremadura, Cantabria, Córdoba o alguna otra capital de provincia. Siempre que no se toque el eje del peso del poder popular (Madrid -capital y comunidad-, Valencia -capital y comunidad-, Aragón,…).

Con ese panorama, a tomar aire en verano y a por las elecciones generales que decidirán el Gobierno que se apuntará la salida de la crisis. Ojo a ese apellido porque casi nadie duda de que esa legislatura 2015-2019 sí será la legislatura de retorno a la bonanza. Y ojo porque a pesar de todo, creo que el PP tiene a su favor más factores que el PSOE. El calendario, le favorece. La tradición (la de no echar a un gobierno en su primera legislatura) también. La atomización de la oposición (PSOE incluido, si ellos mismos no lo remedian) le favorece. Y la nueva estrategia victimista en lo económico, también le favorece.

Sólo el terreno judicial, una radicalización de la crisis o acciones muy torpes pueden cambiar, según este planteamiento, el mapa de situación que acabo de dibujar. Pero ya sabemos que Mariano Rajoy no es persona de acometer acciones así, sin más ni más.

Así que, me reafirmo. Las urnas de 2015 quedaron abiertas el pasado viernes. A ver quién empieza antes a llenarlas.

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