PRUDENCIA Y FORTALEZA

La infanta está imputada. La corona, tocada y casi hundida. España no está para más sustos. Lo de la imputación de Doña Cristina nos ha pillado a muchos con el pie cambiado, pero no será porque no estuviésemos avisados. En realidad, era algo tan histórico como previsible. Pero eso es lo de menos. Minutos después de conocerse el auto del juez José Castro las reacciones eran, más o menos, las esperadas. Sorpresa e indignación de unos, moderada satisfacción de otros.

Unos y otros aseguran respetar la decisión judicial pero… Pero le ponen peros, más o menos justificados. Particularmente llamativo, el pero de la Casa del Rey. No a través de un comunicado oficial, sino mediante declaraciones de un portavoz a la agencia oficial EFE, dice la Casa del Rey que le sorprende el cambio de parecer del juez Castro. Y se remonta a un auto del 5 de marzo de 2012. Tal vez no tiene claro, la Casa del Rey, que un año de investigación da para mucho. Que se lo digan al todavía marido de la Infanta, Iñaki Urdangarín, que ha acudido con un año de diferencia a declarar ante el juez, en condiciones sustancialmente diferentes.

Foto EFE vía 20minutos.

Iñaki Urdangarín llega a los juzgados de Palma en febrero de 2012 y en febrero de 2013. Foto EFE vía 20minutos.

 Las decisiones judiciales pueden ser criticables. Sin duda. Pero cuando se asegura que se acatan y/o se respetan es mejor no añadir peros. De lo contrario, ni se acatan ni se respetan tanto como se dice. Eso de “acatamos pero…” es una especie de fórmula de cortesía que no lleva a ningún sitio, salvo al desprestigio de la justicia, de sus profesionales, de sus decisiones y del conjunto de los afectados por ellas. O sea, de la sociedad en su conjunto.

Infanta Cristina. Vía Casa Real

  Me llama la atención, por otra parte, que se cuestione la citación de Doña Cristina, entre otras cosas, porque no hay imputación de delitos concretos contra ella en el auto. Hasta donde yo sé, este tipo de citaciones tienen por objetivo conocer más datos y aclarar cuestiones surgidas durante la investigación. Quiere decirse, entiendo, que tras esa declaración, la Infanta puede salir de los juzgados sin ninguna responsabilidad judicial o con el peso de una acusación concreta sobre ella. Pero ese será otro momento y otras circunstancias. Además, esta nueva condición de imputada tiene por objeto garantizar todos los derechos de la citada. Por eso se le pide que vaya acompañada de un abogado.

 Me llama también la atención que se trate de forzar la renuncia de Doña Cristina a sus derechos dinásticos. Primero, insisto, porque no se le imputa ningún delito y porque no creo que alguien que acuda a declarar a los juzgados quede inhabilitado para todo en su vida. Segundo, porque su posición en la línea sucesoria es la séptima. No parece que mañana se vaya a plantear una situación irresoluble en este caso. Y tercero, porque los mismos que plantean esta posibilidad seguirían insistiendo (aunque renunciase a sus derechos) en que es la hija del Rey y, contra eso, poco puede hacer Doña Cristina, salvo que alguien me demuestre lo contrario.

Lo que no me llama la atención es que Don Juan Carlos esté preocupado por la situación. Y tampoco me llama la atención que estén preocupados los dos principales partidos de España. [Aunque me constan que en ambas formaciones hay grupos extraordinariamente interesados en mantener la presión y la tensión sobre la Corona]. Aunque sigo sin entender muy bien por qué. La situación de la Monarquía, de la Corona y de la Familia Real en España en los últimos años es muy curiosa. Tal vez tendría que dedicarle una nota a ello en exclusiva. Una situación de tensión permanente que fluye del entusiasmo a la decepción más profunda con la misma facilidad que entre los aficionados de cualquier club de fútbol.

Parece que cualquier acierto de la Casa Real o de cualquiera de sus miembros tiene que ser contestado, de inmediato, con una nueva andanada. Como si algunos de los miembros de la Familia no se sobrasen y se bastasen ellos solos para meterse en líos.

Hace unos seis meses, a propósito de otra cuestión que nada tiene que ver con esta, publiqué una nota bajo el explícito título Pensar y actuar. El caso concreto, ya digo, nada tiene que ver con este, pero la idea fuerza de ese texto creo que vuelve a ser de aplicación. Cuanto mejor nos iría a todos si nos parásemos a pensar antes de actuar. A pensar en lo que vamos a hacer, en sus consecuencias y en nuestros verdaderos objetivos.

Juez José Castro. Vía El Ideal Gallego.

Me da la impresión de que el juez Castro si se ha tomado su tiempo para pensar antes de actuar. De hecho, en el citado auto resulta bastante evidente que el magistrado trata de justificarse (o de excusarse) por citar a declarar a la Infanta. Demasiadas explicaciones para una decisión que parece bastante lógica. Otra cosa será si, llegado el caso, le añade alguna acusación de delitos concretos. Ahí sí que tendrá que justificar suficientemente su decisión.

Mientras escribo estas líneas, el heredero de la Corona ha pronunciado uno de esos discursos que marcan la trayectoria de cualquiera. Presidía, Don Felipe, la entrega de despachos a los nuevos 231 jueces de nuestro país (qué cosas tiene la agenda, o a qué cosas obligamos a la agenda). Y el Príncipe de Asturias ha vuelto a demostrar su prudencia y su equilibrio.  “Los miembros de la carrera judicial sois merecedores de la mayor confianza” ha dicho el Heredero, para añadir que todos ellos deben actuar “con prudencia y fortaleza”.

Don Felipe entrega los despachos a los jueces de la promoción de 2013. Foto EFE vía La Razón

Don Felipe entrega los despachos a los jueces de la promoción de 2013. Foto EFE vía La Razón

En su caso es fácil mostrar confianza en los jueces, piensan muchos españoles. Los mismos que están seguros de que Doña Cristina no se va a sentar en el banquillo de los acusados, porque la justicia, según ellos, no es igual para todos. Bueno, ya veremos. Me da la sensación de que esos mismos son los que aseguraban que el juez no iba a atreverse a citar a la Infanta a declarar.

Que sean prudentes, les pide Don Felipe. No parece que el juez Castro se haya precipitado a la hora de dictar el auto de ayer. Más bien ha pecado de exceso de prudencia, tal vez.

Que actúen con fortaleza, recalca el Príncipe de Asturias. Y yo me pregunto, cómo se mide la fortaleza en un caso como este. Tal vez siguiendo tus propias convicciones y tu real saber y entender. Pero eso es muy difícil de juzgar para terceros que ni conocemos todos los entresijos del sumario ni tenemos la misma imparcialidad que se le supone al juez instructor.

El momento es delicado. La situación resbaladiza. Y las consecuencias inciertas. Tal vez todos deberíamos ser un poco más prudente y tener un poco más de fortaleza para no dejarnos llevar por las emociones y las impresiones inmediatas. Pero está claro que no es tan fácil ni una cosa, ni la otra. Sin embargo, bien que se las pedimos a los jueces. Cómo si ellos no fuesen personas. Cómo si no viviesen en España. Cómo si no estuviesen sufriendo los vaivenes permanentes del día a día.

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