DOCTRINA PAROT: MATA 10 Y PAGA 1

Me gustaría que ningún etarra saliese de la cárcel sin haberse arrepentido y sin haber pedido perdón a las víctimas.

Me gustaría que los etarras que se jactan de su actividad asesina siguiesen en la cárcel todos y cada uno de los días que les queden por vivir.

Creo que la legislación española es demasiado bondadosa con los delincuentes en general.

 

Creo en el estado de derecho. No sólo para mí, sino para todos los ciudadanos.

Creo que la ley (y su desarrollo y su aplicación y su interpretación) tiene que ser bien conocida por todos para que todos sepamos a qué atenernos.

Me hubiera gustado que las cosas se hiciesen siempre en tiempo y forma para no tener que arrepentirnos de no haberlas hecho a tiempo.

 

Tras lo dicho, creo que a nadie sorprenderá que diga que estoy a favor de la Doctrina Parot. Como ciudadano, me sentí muy tranquilo cuando se aprobó esta interpretación que permitía mantener a tipos como Henri Parot, Inés del Río y compañía una temporadita más en prisión. En aquel momento, año 2006, recuerdo que pensé “bueno, si era tan sencillo, por qué no se le había ocurrido a nadie antes”. Pero no se me ocurrió pensar “esta gente ha sido condenada en unas condiciones y ahora estamos cambiándoles las reglas del juego a medio partido”.

Me pudo la ilusión y la tranquilidad de saber que iban a seguir purgando sus delitos entre rejas y que nosotros, los ciudadanos normales y corrientes y las víctimas podíamos estar algo más tranquilos. La sensación de intranquilidad, de terror, que los etarras habían logrado imponer durante décadas era demasiado grande como para pensar con claridad, supongo. Como era de esperar, los asesinos acudieron a los tribunales. Uno tras otro les fueron negando la razón hasta que llegamos a la Sala Pequeña del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Esa Sala, el pasado verano y por unanimidad, les dio la razón a los terroristas, a los culpables, a los asesinos. Y lo hizo, apoyándose en dos argumentos jurídicos que, con todo respeto y desde el desconocimiento de un no jurista, no comparto. Por una parte, dice el TEDH que no hay legislación que recoja los principios de la Doctrina Parot y que eso crea indefensión. No puedo estar de acuerdo. Los terroristas conocían perfectamente el código penal cuando lo infringían.

Otra cuestión es la fórmula que se aplica para computar y descontar los beneficios penitenciarios. Muchos de los beneficios penitenciarios a los que se han acogido los condenados han ido evolucionando con ellos ya en prisión. Y sin embargo, si pueden acogerse a ellos. Así que considero que modificar la forma de computar esos beneficios podría ser igualmente legítima.

Por otra parte, el TEDH asegura que se ha vulnerado el derecho a la libertad de Inés del Río (y por extensión del resto de condenados a los que se ha aplicado la Doctrina Parot). Tampoco lo veo claro. Es incuestionable que este precepto nace de la voluntad de que esos delincuentes no salgan a la calle antes de saldar su deuda con la sociedad. Y ese principio pone, por encima del derecho a la libertad de Inés del Río, el derecho de la sociedad a su autoprotección. Como tantas veces, dos derechos en colisión.

Para no encasquillarme en casos concretos, trataré de exponer mi idea general. Creo que el eje central de la Doctrina Parot es defendible. Los beneficios penitenciarios hay que aplicarlos sobre el total de las condenas, sin considerar cuál sea el límite máximo de nuestra legislación (en cada momento y para cada delito). Tanto tienes que pagar y sobre ello, tanto te descontamos. Tengo menos claro cuánto de legítimo es la aplicación de este precepto en casos ya juzgados. Justo esos en los que nace la Doctrina Parot y en los que todos estamos pensando. Dirán muchos “si no se aplica a esos terroristas hipersanguinarios no tiene sentido en sí misma la norma”. Puede ser, pero sería conveniente analizarlo.

Tengamos en cuenta que, haya o no haya nuevos atentados de ETA, lo que si va a seguir habiendo, desgraciadamente, es asesinos, violadores y demás delincuentes que acumulen voluminosas condenas y a los que tendría todo el sentido, en mi opinión, seguir aplicando este principio.

Pongo por delante que me parece perfecto que todos esos tipejos sigan entre rejas y que, en el hipotético caso de que haya que excarcelarlos, 2 millones de euros para indemnizarlos (euros que nos saldrían del alma a todos los ciudadanos) me parece un precio muy razonable para que hayan estado otros 6 ó 7 años fuera de la circulación. Pero me parece que la mayoría de los argumentos que se están manejando a favor de mantener en vigor la Doctrina Parot adolecen de más pasión que de argumentos.

Claro que matar sale muy barato en España. Y cuanto más mates, más barato te sale. Es el principio Carrefour elevado a la enésima potencia. Mata 10 y paga sólo uno. Los otros 9 te salen gratis. Desgraciadamente. Pero eso no lo vamos a arreglar con la Doctrina Parot, diga lo que diga el TEDH. Nos ha ayudado estos años y ojalá que nos siga ayudando muchos más. Pero no es la solución. Preparemos la legislación con mirada larga para que dentro de 5 ó 10 años, no tengamos que estar con nuevas ñapas resolviendo los problemas que no supimos prever.

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