OPORTUNO PIE DE MICRO

Estoy viendo, con gran entusiasmo, House of cards. No es El Ala Oeste de la Casa Blanca pero me quita el mono. Me gustan, además, esos tics que están introduciendo los creadores de series como escribir en pantalla los gusaps que envían los personajes, o cuando Kevin Spacey se dirige a los espectadores como si fuésemos una mezcla de cómplices de sus maquinaciones o pepitos grillos de su conciencia. Pero hay una cosa que me gusta menos. Las estrategias del personaje de Spacey funcionan como un reloj. Tal cual las ha diseñado. Sin fallos, sin contratiempos. Como si el resto de los personajes fuesen protagonistas pasivos de todo. Como si ellos no tuviesen sus propias estrategias, sus propias reacciones y sus propios comportamientos.

Es una simplificación muy útil en la ficción porque reduces la incertidumbre y la complejidad. Pero tiene un punto infantil. Como cuando empezabas a conocer los rudimentos del ajedrez y construyes en tu cabeza los movimientos de tus piezas sin darte cuenta de que el otro jugador está haciendo lo mismo. Claro, cuando el otro mueve te está descolocando tu dibujo y lo que era una sucesión lógica y perfecta para llegar al éxito se ve truncada y te ves en la obligación de reajustarte una y mil veces.

Eso es lo que falla en esta serie y en otras muchas. Esta noche estaba viendo el segundo capítulo y al terminar he pensado que esa deficiencia no sólo ocurre en la ficción. He tenido que rebobinar sólo un poco para traer de nuevo a mi cabeza las imágenes que había visto un par de horas antes en los informativos. Y se ha producido el click.

He visto las crónicas de la jornada en la madrileña clínica de La Milagrosa. Más allá del incidente con el oxígeno a primera hora, la noticia estaba en las idas y venidas durante toda la jornada. Por cierto, que oportuna la explosión de esas dos bombonas que ha obligado a colocar un pie de micro para que la Delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, informase de las investigaciones a los medios. Un oportuno pie de micro que ha sido utilizado por las altas instituciones del estado que han visitado a Don Juan Carlos en su postoperatorio.

Han pasado el Presidente del Congreso, el Presidente del Senado, el presidente del Tribunal Constitucional, el Presidente del Tribunal Supremo, la Defensora del Pueblo, el Líder de la Oposición,… Si no conociésemos a Mariano Rajoy pensaríamos que estaría disgustado por haber ido a ver ayer al Rey. Se ha perdido su minuto de gloria ante el micro. Que oportuno el pie de micro. Que operación de imagen y de comunicación tan bien pensada. El Rey trabaja en toda situación. Incluso recuperándose de una operación de columna. El estado funciona. Todos y cada uno de los poderes están en hiperactividad y en coordinación con la jefatura del estado.

Nada de “sede vacante” (ni siquiera de forma temporal) en España. Ningún margen para el relajo, el descanso o la distracción. Nada (ninguna instrucción judicial y ninguna operación quirúrgica) nos aleja de nuestro camino. Lástima que, como en ocasiones anteriores, otros personajes habían diseñado sus propios planes para esta jornada. Incluso el azar, como casi siempre, había decidido jugar también sus cartas.

Ha bastado un pueril accidente con un par de bombonas de oxígeno, la muerte de uno de los dirigentes mundiales más vilipendiados del actual panorama, una nueva querella del más oscuro de los personajes del momento y el omnipresente fútbol europeo de los clubes españoles para que tal despliegue de poderío haya quedado relegado a una posición menos que testimonial.

El mensaje unificado y consensuado que tenían que lanzar ha sido tan unánime como inaudible. “El Rey está mucho mejor, se recupera a pasos agigantados, ya no tiene gesto de dolor, está perfectamente al tanto de la actualidad y con ganas de volver al trabajo”. ¡Ojalá los políticos españoles se pudiesen poner de acuerdo de forma tan unánime y sencilla sobre las cuestiones primordiales del país!. ¡Ojalá remasen todos en la misma dirección con la misma soltura!.

Seguro que sobre el papel, el diseño de la estrategia de comunicación para este miércoles en la clínica La Milagrosa parecía perfecta. Y seguro que hace un par de horas que los mismos que la diseñaron están pensando ¿qué ha fallado? y ¿por qué? Pero seguro que ni se plantean que no estaba tan bien diseñada como parecía a priori sobre el papel. Y no es la primera vez que les pasa… este año.

Los mejores análisis, en mi opinión, empiezan por ser críticos, muy críticos, con lo que nosotros mismos hacemos. Sin autocrítica no hay análisis correcto posible. Y digo yo, más allá de los resultados, ¿merecía la pena el esfuerzo?.

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