LECCIÓN DE ANATOMÍA

Lección de anatomía. Capítulo primero. La parte más delicada de la anatomía masculina cae, cuelga, un poco por debajo de la cintura. Cuando dos varones se cogen por ahí y se miran a los ojos, está claro que ninguno va a apretar más de lo debido. La escala de dolor es muy baja, en estos casos. El mínimo roce ya molesta. Por eso, el daño suele estar descartado. Sería un suicidio.

Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba han entrado en el hemiciclo cogidos mutuamente de los cataplines. Ambos, avezados en estas lides, saben perfectamente donde está el umbral del dolor y no tenían ninguna intención de rozarse más de lo indicado. No lo han hecho. No ha sido de guante blanco, pero ha sido un Debate, este del Estado de la Nación, un poco descafeinado.

Cada uno ha mostrado sus cartas, no demasiadas, y han disimulado sus debilidades, bastantes más. Ninguno ha querido ensañarse demasiado con el oponente. Sólo al Presidente del Gobierno se le ha notado un poco más suelto en el cuerpo a cuerpo. Con algún argumento más y sabiéndose bastante más amparado por sus correligionarios.

Si hacemos una puesta en común podemos deducir que el Estado de la Nación es un poco mejor que hace un año, en lo económico. Hemos superado la amenaza del rescate y las cifras macroeconómicas parecen, por lo menos, embridadas. Pero, como ha dicho el propio Rajoy, los ciudadanos van a tardar en notarlo. Sobre todo porque el paro sigue siendo alarmante. Ahí no hay discrepancias.

La situación de los servicios públicos tampoco es para relajarse. Rubalcaba ha recogido las alarmas que muchos colectivos tienen respecto a la sanidad y la educación, sobre todo. Rajoy ha explicado las protestas callejeras asegurando que “los españoles no palpan los resultados, sólo ven los sacrificios”. No es que los vean, es que los sufren, los padecen, los experimentan cada día. Y sería bueno que los políticos tuviesen claro que la paciencia ciudadana tiene un límite.

Capítulo segundo. Los hombres se visten por los pies. Las mujeres, también. Y Rajoy ha reconocido que “aunque algunas cosas mejoran, no han consuelo. Nada de brotes verdes, nada de nubes pasajeras, nada de primaveras adelantadas”. El Presidente ha reconocido que ha hecho lo que creía que España necesitaba, no lo que a él le convenía. Es una autocrítica poco habitual.

Más común es que el líder de la oposición alabe la bondad de su labor. Rubalcaba ha sido tan gráfico como siempre, “somos Teresa de Calcuta como oposición”. Lo malo es que ha reclamado para sí el derecho a rectificar. Ese mismo que le echa en cara a Rajoy. Ese por el que le acusa de haber incumplido su programa electoral. Lo que para unos es mentira para otros es una rectificación que merecería el respeto de los ciudadanos.

Capítulo tercero. El corazón tiene tendencia a desbocarse. El Debate sobre el Estado de la Nación parece, cada vez más, un Debate sobre los Propósitos para la Nación. Compromisos mil veces oído, como no pagar el IVA que no se ha cobrado, un portal de emprendedores, asignaturas que fomenten el carácter emprendedor en la escuela o mejoras en la situación financiera de las Pymes. Proyectos largamente pospuestos, como la reforma de las administraciones. Y, sobre todo, iniciativas para afrontar una crisis revivida en las últimas semanas, la corrupción.

En este caso, Rajoy ha estado especialmente hábil. Ley  de transparencia también para partidos políticos y sindicatos; obligación de rendir cuentas anuales en el parlamento, para partidos y sindicatos; más medios para el Tribunal de Cuentas; Ley Orgánica del Estatuto del Cargo Público; escala fija de sueldos públicos; regular los lobbies;… Difuso y equívoco se ha mostrado Rubalcaba, a este respecto.

Sí a todo lo propuesto por el Presidente y además, los delitos a la Audiencia Nacional, porque actúan con más rapidez. Me cachis, no debemos estar pensando en la misma Audiencia Nacional Rubalcaba y yo. Prohibir las donaciones de las empresas a los partidos. Bien. Pero, ¿no sería más fácil que los partidos y los sindicatos sólo pudiesen gastar lo que tienen y no lo que no tienen?

Una Comisión Independiente para que le diga a los partidos que es lo que tienen que hacer. ¿Pero eso no es tarea de los ciudadanos? Si tenemos que elegir a otros que sepan lo que hay que hacer, ¿para qué queremos a los parlamentarios? Si ellos no saben, no quieren o no pueden ponerse de acuerdo y ajustarse a la ley, que dejen paso. A no, la cuestión es seguir pero difuminar más las responsabilidades. Vaya.

Capítulo cuarto. La memoria es frágil, difusa y caprichosa. “No hace falta una nueva Ley de Educación” dice el líder socialista que, seguro, piensa de nuevo en su asumida habilidad para rectificar. 3 años estuvo el ministro Ángel Gabilondo tratando de encontrar un acuerdo para cambiar la Ley por consenso. “El estatut ha seguido un procedimiento desdichado” porque el Tribunal Constitucional ha corregido al Parlament, a la población de Cataluña y a las Cortes. O sea, la desdicha es cumplir con lo que marca la Constitución. Tal vez por eso hay que cambiarla, abrirla, perdón, según la nueva terminología socialista.

Y eso que la reforma de la Constitución suma apoyos. Mariano Rajoy también está por la labor. Como todos los presidentes de este siglo, por otra parte. Pero reforma con consenso. A ver, no queda otra. Sin consenso no es posible la reforma. Esta vez, tampoco va a ser. Brindis al sol sin apretar demasiado, que los cataplines empiezan a sudar después de tanto tiempo atrapados en la zarpa vecina.

Rajoy y Rubalcaba liberan la presión testicular y respiran aliviados. Ha pasado el trago que ninguno quería echar. Una vez ha salido Bárcenas. Una vez ha salido la dimisión de Rajoy. En ambos casos por boca de Rubalcaba. Más se ha hablado de la dimisión de Rubalcaba (ambos se han referido al asunto). Cuando Rajoy ha notado que no le surgía el sudor frío se ha relajado y ha estado más Presidente, aunque muy poco Rajoy. Se le echa de menos en la tribuna, la verdad.

Rubalcaba tampoco ha comparecido. A él también se le echa de menos. Cuando ha notado que recuperaba la libertad aérea de sus cataplines ha dicho, para que voy a insistir en un último turno de réplica. Y ha renunciado. Atónita se ha quedado una bancada, la suya, que ha aplaudido más con tuits que con palmas.

Este 2013 tampoco habrá pactos de estado, ni acuerdos, ni consensos, ni grandeza política. Rajoy agotará la legislatura y Rubalcaba, tal vez, no celebre otro Debate sobre el Estado de la Nación. Pero el futuro no tiene cabida en la anatomía.

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Un comentario en “LECCIÓN DE ANATOMÍA

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