LINCOLN, SPIELBERG, SUÁREZ

¡Ya vale!

No es necesario que me sigáis animando.

Estoy decidido a ir a ver la última película de Steven Spielberg en cuanto la estrenen.

Daniel Day-Lewis como Abraham Lincoln. DreamWorks vía theatlanticDaniel Day-Lewis como Abraham Lincoln. DreamWorks vía theatlantic

Daniel Day-Lewis como Abraham Lincoln. DreamWorks vía theatlantic

No es necesario que sigáis escribiendo loas cada vez más superlativas para convencerme. Es más. Tanto elogio empieza a escamarme y temo sufrir una de esas monumentales decepciones al poco tiempo de estar acomodado en la butaca del cine.

La producción cinematográfica de las últimas décadas sigue un patrón muy definido, en mi opinión. La cantidad no deja de aumentar (incluso la variedad parece en un crescendo imparable). Pero la calidad alcanza cotas subterráneas realmente lamentables. Cualquier leve resplandor, por efímero y momentáneo que resulte, nos llena de jolgorio y regocijo. Tan huérfanos estamos de verdaderos “momentos” de calidad.

No soy muy original con esta apreciación. Lo sé. Son muchos los críticos, escritores, aficionados, eruditos y seres humanos que llevan años pregonándolo. A la que hacen un llamamiento para que el común de los mortales dediquemos un poco más de tiempo a las buenas series que se están haciendo en televisión que a las malísimas películas que se proyectan en el cuarto oscuro.

Nada más escribirlo, me he dado cuenta de la paradoja. Lo de ir al cine lleva años convertido en una suerte de castigo (como cuando te mandaban al cuarto oscuro para pensar, porque te habías portado mal).

Es cierto. Las series mejoran a la que el cine empeora. Y no es sólo cuestión de dinero. Es, sobre todo, una carencia de ideas, de talento, de creatividad, de imaginación, de oficio, de técnica,… y de tener algo que contar y saber cómo quieres contarlo.

Spielberg siempre ha demostrado tener ideas, talento, creatividad, imaginación, oficio y técnica. Probablemente es el cineasta que mejor aglutina todas esas cualidades en el último medio siglo. Incluso cuando ha patinado, ha dejado muestras de buen hacer en muchos de los campos descritos. Si a ello le sumamos un personaje mítico (Abraham Lincoln), un libro más que notable, al decir de las críticas (Equipo de rivales, de Doris Kearns Goodwin) y un reparto tan completo como bien armado, el resultado debería de ser necesariamente interesante.

DreamWorks vía flicksandbits

DreamWorks vía flicksandbits

Es por todo ello (y no por las alabanzas desbordadas) por lo que estoy decidido a ir a ver Lincoln al cine. Pero lo haré, este tercer fin de semana de enero, con cierta precaución. Ya son demasiadas las veces en las que mi ilusión ha durado menos que la bolsa de regalices que me meto a la sala. Y empiezo a estar mayor para perder el tiempo y la ilusión como si no tuviese nada mejor que hacer.

Después de lo dicho, creo de justicia que una vez vista, dejaré una nota con lo que opino de ella. De momento, me detengo en una de las cuestiones que más me ocupa en los últimos años. Dice un conocido aforismo que “si alguien habla mal de un alemán, será francés. Si habla mal de un francés, será inglés. Y si habla mal de un español, será español”. Y reconozco que es una realidad que me reconcome.

Abraham Lincoln fue asesinado en 1865. 3 años después tenía su primera estatua en Washington DC. Un año antes, en 1867 (cuando todavía no había vencido el mandato para el que había sido reelegido el Decimosexto Presidente en 1863), el Congreso de los Estados Unidos había encargado un Monumento en su memoria. En 1911 se inició la construcción del Lincoln Memorial que fue inaugurado el 30 de mayo de 1922.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/personajes-en-el-archivo-de-rtve/dimision-adolfo-suarez-como-presidente-del-gobierno-1981/715572/

En España, Adolfo Suárez fue “asesinado”, políticamente se entiende, en 1981. No recuerdo que haya ninguna estatua en su honor, salvo algún intento más o menos pintoresco. Institucionalmente, desde luego, no existe tal. Y han pasado casi 32 años desde su dimisión. No me consta ninguna iniciativa para promoverla y, mucho menos, para pensar en un Memorial o algo similar. Tampoco un espacio público digno de tal nombre en la capital de España.

Monumento a Juan de Borbon

Monumento a Juan de Borbon

Me viene a la memoria la rapidez con la que el impetuoso Luis María Anson se puso a recaudar fondos para erigir un monumento al padre del Rey nada más fallecer el Conde de Barcelona. Loable iniciativa que, sin embargo, no entiendo que nadie haya encabezado para reconocer la labor de Adolfo Suárez, tal y como se merece. Desgraciadamente, no lo podrá disfrutar en vida consciente. Pero nuestra conciencia debería encontrar acomodo en tal reconocimiento.

Adolfo Suárez anuncia su dimisión como Presidente del Gobierno

Adolfo Suárez anuncia su dimisión como Presidente del Gobierno

Propuesto queda.

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Un comentario en “LINCOLN, SPIELBERG, SUÁREZ

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