TWO CATHEDRALS IN ARMS

He estado repasando las imágenes del acto de ayer del Presidente Obama en Nueva Jersey y no he visto ningún plano en el que aparezca con las manos en los bolsillos. Una lástima. Hubiese sido el detalle definitivo que confirmase que estábamos ante un Presidente excepcional. Los aficionados a El Alá Oeste de la Casa Blanca ya saben de que estoy hablando. Los que todavía no lo son (algo inexplicable a estas alturas) deberían echarle un vistazo a los poco más de 5 minutos del final del último capítulo “Dos Catedrales” que pone punto final a la segunda temporada de la serie. Es, probablemente, el mejor capítulo de una serie de televisión que he visto en mi vida. Lo he visto medio centenar de veces y me sigue emocionando como la primera vez. Conozco cada plano del montaje. Cada frase del diálogo. Es como sí lo hubiese escrito yo, salvo por el pequeño detalle de que nunca seré capaz de escribir nada parecido. Cada uno tenemos que ser conscientes de nuestros límites. Es un gran capítulo y un gran colofón a una gran temporada para una enorme serie.

Josiah Bartlet anuncia su candidatura a la reelección

Estos días he hablado con varias personas sobre este capítulo. No por la serie en sí, si no porque uno de sus protagonistas es na tormenta tropical que se mete en Washington de forma claramente inexplicable y condiciona no de los momentos claves de la presidencia de Josiah Bartlet en su primer mandato. Algo parecido parece estarle pasando a Barack Obama. Tal vez Sandy le haya salvado de pasar a la historia como un presidente de un solo mandato (como Carter, o Bush padre). Esta vez parece que los elementos han jugado a caballo ganador.

Hace unos años, cuando el Katrina arrasó Nueva Orleans, George W. Bush contó con la ventaja de qué la catástrofe no coincidía con periodo electoral. De lo contrario, las inundaciones se habrían llevado por delante también a Presidente. Y es que en las situaciones excepcionales cualquiera puede equivocarse. Quedarse corto o pasarse de frenada. Incluso mi admirado (e ideal) Josiah Bartlet fue capaz de meter la pata con motivo de otra catástrofe natural, ya en el tramo final de su mandato. Las condiciones era bien distintas porque, para entonces, Bartlet estaba sufriendo todo tipo de dificultades personales y políticas. Pero, esa vez, Bartlet se pasó de frenada.

De momento Obama parece que va por el carril correcto hacia el 6 de noviembre. Sin prisas, sin acelerones y sin salirse de las vías. De seguir así la cosa, dará lo mismo lo que haga o pueda hacer Mitt Romney. Como en tantas ocasiones, la mano definitiva de la jugada la tiene el titular, el Presidente. Quiero decir que es él el que puede perder las elecciones. El aspirante, rara vez puede optar a ganarlas si el titular no le da ninguna opción. Romney, como avanzó Luis Arroyo el 26 de septiembre, tenía pocas opciones de ganar las elecciones y tenían que confluir una serie de elementos, entre los que los más importantes no dependían sólo de él. Estaban tanto y más en manos ajenas, sobre todo de Obama.

Obama en Nueva Jersey. Reuters vía Cuatro.com

Así qué mi pronóstico es que Obama va a amar las elecciones y va a rondar los 300 votos electorales. Seguro que se quedará por debajo de los 365 que obtuvo hace 4 años. Pero no es menos cierto que las condiciones en las que se presenta a la reelección son muy diferentes a las de hace 4 años. Y no es menos cierto que, en medio de un amplio catálogo de candidatos mediocres, por parte del Partido Republicano, Romney ha sabido apurar sus bazas para llegar con opciones a la última semana. Con lo único que no podía contar el ex gobernador es con un imprevisto. Y vuelvo a traer, en este punto un ejemplo de El Ala Oeste.

En la última temporada, cuando Arnold Vinick está a punto de devolver a los Republicanos a la Casa Blanca después de la presidencia de Bartlet, a pesar de la gran campaña  de Matt Santos (primer candidato hispano con verdaderas opciones y al que en su momento se puso como el ejemplo que inspiró al propio Obama y a su equipo de campaña), ocurre un hecho inesperado que lo cambia todo. Un accidente nuclear en California (el estado de origen de Vinick) y la gestión de comunicación de Bruno Gianelli, sentenciaron las opciones del “menos Republicano de los candidatos posibles”, en palabras del gran Leo Thomas McGarry (una afirmación que bien podríamos aplicar también a Romney).

Los imprevistos, los desastres naturales, los accidentes, pueden tener influencia en las campañas. Otra cosa es cuál, cuánta. Cómo se puede controlar. Vuelvo a citar, en este punto a Luis Arroyo. Pero, desde luego, siempre hay alguien que puede perder las elecciones. Mucho más que alguien que puede ganarlas. De hecho, aunque Romney parece muy dispuesto a ganar la cita de 6 de noviembre, no parece, en absoluto, que Obama esté dispuesto a perderla.

Veremos.

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