MANTENTE A LA ESCUCHA

Tendríamos que dedicar más tiempo a escuchar. El ser humano tiene una tendencia innata a expresarse, a comunicarse, a exteriorizarlo casi todo. Y, en demasiadas ocasiones, pierde de vista el maravilloso momento de escuchar. Hace unos meses, dejé escrito en este mismo cuaderno que Leer es algo íntimo. Ahora me atrevo a asegurar que escuchar también lo es. Y, a la vez, es algo imprescindible.

Es algo íntimo porque, aunque necesitamos a otra u otras personas para poder escuchar, es algo que hacemos hacia dentro, hacia nosotros mismos. Escuchar tiene una vertiente hacia los demás, sin duda, pero la tiene en igual o mayor medida para nosotros mismos. Y el primer paso es ser conscientes de que estamos escuchando. Ejercer esa voluntariedad de la escucha. Lo contrario es oír y eso no es lo mismo.

Cuando escuchamos estamos aplicando una voluntariedad a nuestro comportamiento y estamos esforzándonos por atender y comprender los mensajes que nos llegan. Ese es el elemento clave. Me lo habían dicho mil veces mis padres pero fui especialmente consciente de este matiz cuando dejé de oír “Hoy no es un día cualquiera” y empecé a escuchar a Pepa Fernández.

Pepa Fernández

Unas cuantas cosas empezaron a cambiar ese día. Quizás, en parte, porque ella llama a los seguidores de su programa escuchantes y no oyentes.

Me fui dando cuenta de que la gente que dedicaba las mañanas del fin de semana a escuchar su programa era gente diferente. Más consciente, más prudente, con más capacidad de empatía. Gente que se equivoca, como todo el mundo, pero reflexiva. Gente, por lo tanto, capaz de descubrir sus errores gracias a los argumentos de otros. Y gente capaz de rectificar. Escuchantes que dedican tiempo a conocer que es lo que otros tienen que decir. A dedicarle un tiempo de reflexión a lo que escuchan, lo que ven y lo que leen. Gente capaz de asentar firmemente sus opiniones o modificarlas si los datos y los argumentos indican que está equivocado. Y me refiero tanto a los escuchantes como a las personas que participan en sus diferentes secciones.

Tengo la sensación de que en este país (probablemente en este momento del siglo XXI en general) se escucha poco. Todos nos creemos con la capacidad de decir cosas. Nos creemos en la obligación de trasladar a otros nuestros mensajes y estamos generando una enorme cantidad de ruido. Eso tan español de que en cualquier reunión todos hablamos a la vez, ninguno escuchamos y se genera un barullo de mucho cuidado. Eso se está trasladando a todos los ámbitos de nuestra vida. Y creo que empieza a ser preocupante.

Cuando todos hablamos, nadie escucha. Bueno, con frecuencia lo que ocurre es que escucha el que debería hablar. O sea, la comunicación se invierte y se vuelve improductiva, perniciosa,… pierde su sentido. Probablemente yo mismo, con este texto y con este cuaderno virtual, estoy contribuyendo a ese error que trato de denunciar. Y no pretendo decirle a nadie si tiene que callarse o tiene que hablar. Lo que si aseguro es que hacer las dos cosas es muy difícil y hacerlas, de forma simultánea, casi imposible. Y aseguro, también, que es necesario bajar el nivel de comunicación y aumentar el de escucha.

Escuchando seremos más reflexivos, más prudentes y, casi seguro, más inteligentes. Escuchando meteremos menos las pata, cometeremos menos errores y nos meteremos en menos problemas. Escuchando seremos capaces de encontrar los puntos que nos unen más fácilmente y eso nos ayudará a colaborar y no a enfrentarnos.

Desde hace unos meses estoy tratando de conocer más cosas de internet. De cómo funciona, de cómo sacarle partido, de cómo no quedarme fuera de lo que sucede a mi alrededor. Estoy, de hecho, haciendo un curso sobre Community Manager y Social Media (en el IL3 de la Universidad de Barcelona) que me está permitiendo conocer a  mucha gente, no sólo de otros puntos de España sino gente de otros países y de otros continentes. Y empiezo a pensar que esto de escuchar poco y hablar mucho es un mal común.

Los profesores del Master y casi todas las referencias bibliográficas que utilizamos, nos insisten en que la escucha es fundamental para un Community Manager. Aún más, es fundamental para moverse por internet. Yo me atrevo a asegurar que escuchar es imprescindible para nuestra vida (individual y colectiva) y para nuestro futuro.

Para escuchar tenemos que empezar por asumir que hay otra persona que tiene algo que decir. Probablemente, algo más interesante o importante que lo que nosotros mismos vamos a comunicar. Para escuchar tenemos que reconocer al otro, por lo menos, las mismas capacidades y aptitudes que nos atribuimos a nosotros mismos. Para escuchar tenemos que aceptar que nuestra opinión no es la única opinión, probablemente no es ni siquiera la mejor opinión. Para escuchar tenemos, en definitiva, que asumir que el silencio no es un mal ni un problema. Que si vas a decir algo estate antes seguro de que a ti mismo te gustaría escucharlo, de lo contrario mantente a la escucha.

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