AÑO DE JUEGOS

Me he pasado las últimas semanas inmerso en tres o cuatro tareas absolutamente absorbentes. Mentalmente, desde luego, pero también en cuanto a tiempo. Esa es la razón por la que llevo más de dos meses sin escribir en este rincón que tanto me gusta. No sólo es que no haya podido escribir. Tampoco he tenido tiempo de leer nada que no tuviese que ver con esas tareas absorbentes. Pero ya pasó y poco a poco voy recuperando el resto de mis actividades. Las notas de Valentín no es la última de esas actividades que recupero, aún me quedan unas cuantas. Pero si es de las últimas.

Una de las primeras que he devuelto a la agenda es la lectura. De casi todo, en general, y de la prensa en particular. Otra es la deportiva (activa y pasiva), bastante ligada a la lectura de prensa en muchos aspectos. Y ahí me he dado de bruces con acontecimientos que han absorbido mi dedicación veraniega en temporadas anteriores y que ahora han pasado a un segundo o tercer lugar.

Wimbledonno es uno de ellos. Nunca me ha interesado demasiado el torneo de hierba por excelencia. Y la rápida eliminación de Rafa Nadal, este año, no ha hecho mucho por animarme.

Tomada de thewikimag.com

Pero sí lo es el Tour. Cuando la ronda gala era la mejor carrera del mundo y cuando el ciclismo era un deporte apasionante. No es el caso, en los últimos años y, desde luego, no es el caso de este año. Una lástima. Y no es la principal razón que no haya españoles entre los favoritos o que no haya grandes nombres en la edición de este año. Ha pasado otras veces. Es que no tiene ningún interés para la afición.

Lo que no pierde interés son los Juegos Olímpicos. Iniciado mi periodo de descompresión he sido consciente de que este año hay Juegos y ya estoy planificando el seguimiento, todo lo intenso que el trabajo me permita, de ese gran acontecimiento. La fase de preparación de la selección española de baloncesto me puso sobre aviso. Y no es un dato baladí. De hecho, ha sido  empezar a sumergirme en lo que se avecina y ha venido a mi cabeza un ya lejano mes de agosto del año 84. Aquel en el que hicimos historia ante los Jordan y compañía.

Tomada de solobasket.com

Los Juegos de Los Ángeles fueron grandes en muchos sentidos. Allí había un tal Carl Lewis. Allí triunfó un gran José Manuel Abascal. Allí empezamos a recuperar al tenis para la cita cuatrienal. Y, a pesar de la diferencia horaria, allí aprovechamos el boicot de la todavía URSS para hacernos con una increíble medalla de plata en baloncesto masculino. Nunca, hasta estos últimos años, nos habían parecido tan grandes los jugadores españoles.

Seguro que, en mi caso, tiene mucho que ver el hecho de que tuviese poco más de 13 años y que mis padres me diesen permiso para trasnochar todo lo necesario con el objetivo de no perderme nada de nada. Me acuerdo del último partido de tenis de Sergio Casal y Emilio Sánchez Vicario. Más de 4 horas del mejor tenis y cuando yo me iba para la cama (serían las 7 de la mañana pasadas) me crucé con mis padres que se levantaban para irse a trabajar.

Y me acuerdo de esa final que todos sabíamos perdida de antemano pero que disfrutamos como pocas veces. Corbalán, Solozabal, Epi, Sibilio, Margall, Rullán, Romay, Iturriaga,… Era un gran equipo, sin duda, y Antonio Díaz Miguel un gran seleccionador, pero aquel partido fue más de lo que pudimos soñar muchos. A la vista está. Tuvimos que esperar 20 años para ver algo superior a aquello. Sólo recuerdo haber disfrutado tanto con el Dream Team de Barcelona 92 y con los partidos del Mundial de Japón y de los Juegos de Pekín.

Tomada de ElConfidencial.com. EFE

No me digas por qué  pero no tengo buenas sensaciones para la cita de este año. No sólo en baloncesto. Si nos traemos un par de medallas será gracias a los tan denostados “deportes minoritarios”. Pero aún así estoy dispuesto a disfrutar de los Juegos. No me gusta la parte mercantil que los rodea. No me gusta el negocio ruinoso que suele suponer. No me gusta que al día siguiente de la clausura nadie piense que va a ser de todo ese esfuerzo y de todas esas instalaciones. Pero durante esas tres semanas soy un tío feliz.

No se trata de que acudamos al “pan y circo” pero sí que “las penas con pan, son menos”. Así que, ¡a por los Juegos!.

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