DE NORMAS INNECESARIAS

Llega la segunda vuelta (y definitiva) de las elecciones presidenciales en Francia y parece que vuelve a emitir #radiolondres. Un fenómeno surgido en la primera vuelta para “burlar” la legislación que prohíbe en el país vecino, como en el nuestro, la publicación de sondeos electorales en determinadas fechas. Un fenómeno que, por otra parte, no es nada nuevo.

En las elecciones generales españolas del año 2008 ya hubo un primer avance de como la realidad superaba siempre a la legislación. Sobre todo, cuando la legislación es absurda. En aquella ocasión El Periódico de Cataluña, en su edición de Andorra, publico sondeos en la semana previa a las elecciones. Algo totalmente prohibido en las leyes españolas. Aprovechando las posibilidades que da ineternet, el diario de Z ofreció unos últimos datos que no diferían demasiado de lo que decían las encuestas anteriores y que no atinaron demasiado con los resultados que salieron de las urnas.

Si miramos más cerca en el tiempo, aquí en España vivimos algo parecido en las elecciones del pasado 20N. Os ofrezco una captura de tuits de media tarde de aquella apasionante jornada electoral donde podéis ver que la burla a la ley fue general.

Lo interesante y novedoso del caso de las presidenciales de Francia, desde mi punto de vista, es la demostración de que las condiciones de “censura” dicho sea con el máximo de los cuidados y matices, agudizan el ingenio. Ya en alguna ocasión he escrito que las condiciones de máxima transparencia son el peor caldo de cultivo para el periodismo y para la buena literatura. La escritura, el ingenio y la creatividad necesitan un gran enemigo que les ponga dificultades para que florezcan. Es como las mejores flores, que necesitan del peor estiercol para mostrar toda su belleza.

Vistos los ejemplos, no me creo muy original al afirmar que la legislación electoral en España, y en otras tantas “democracias asentadas”, necesita una buena pasadita por el pilón. Para ver si se lava bien lavadita y se pone en condiciones de servir para algo.

¿De qué vale, por ejemplo, que se mantenga esa ficción de que la campaña electoral dura 2 semanas, cuando todo el mundo sabe que dura, lo que los partidos dicen que dura?. En esas dos semanas oficiales de campaña lo que ocurre es que se puede pedir formalmente el voto, cosa que no ocurre el resto del año. En esas dos semanas se ponen todos los corsés, cortapisas y limitaciones a los medios de comunicación. Y en esas dos semanas se “controlan” (más o menos) los gastos de los partidos políticos. El resto del año hacen lo que quieren, gastan lo que quieren, usan a los medios como quieren y completan la campaña electoral como quieren.

A lo que vamos. En esas 2 semanas de campaña electoral oficial todo son límites. Sobre todo, a la información. Límite al tiempo que puede durar la información electoral en los medios públicos. Limites a dónde pueden acceder y con quién pueden hablar los periodistas. Y, sobre todo, límites a lo que pueden saber los ciudadanos y en que momento pueden saberlo.

¿Alguien puede entender, a día de hoy, que diferencia hay entre el último lunes y el último jueves de campaña para que en el primero se puedan conocer sondeos y en el segundo no?. ¿Alguien puede decirme para que sirve una jornada de reflexión cuando los mejores estudios han demostrado que el 80% de los ciudadanos tienen decidido su voto antes, incluso, de que se inicie la campaña electoral oficial?.

(Acotación, en mi opinión, la jornada de reflexión sirve para que los políticos nos dejen descansar, a los ciudadanos y a los periodistas, que buena falta nos hace, después de estar escuchando chorradas durante 15 días seguidos, como poco).

¿Alguien se ha parado a pensar que en los tiempos que corren, estas cortapisas sólo sirven para agudizar el ingenio de los que buscamos información allí donde la pueda haber y si para ello tenemos que “torear” la legislación y a los políticos, mejor que mejor?. Por cierto, ¿alguien puede explicarme por qué los ciudadanos no podemos tener acceso a los sondeos durante la semana previa a las elecciones y, sin embargo, los partidos si pueden hacer y conocer encuestas todos y cada uno de los días del año? ¿aunque les cueste un congo que no pueden pagar si no es endeudándose? ¿tendrá algo que ver con qué son ellos mismos los que hacen las leyes que regulan el tinglado? ¿por qué se creen ellos mejores para poder tener y gestionar una información que nos niegan al común de los mortales que, curiosamente, somos los que tenemos que decidir?.

Estoy seguro de que nadie tiene respuestas para estas preguntas. Por lo menos, respuestas que puedan satisfacerme.

Por otra parte, como he dejado escrito en la primera entrada de este blog “Arenas a debate”, los resultados que nos venden los periódicos a bombo y platillo durante las elecciones suelen hacer referencia a fechas muy anteriores a la propia campaña. De tal forma que nos incitan a formarnos opinión con datos más caducados que un yogurt marca Pryca. Lo que me lleva a pensar que, como en otras muchas circunstancias, los propietarios y directivos de los medios tienen una cierta comunidad de intereses con los políticos, por mucho que digan.

A ver si no porque narices no retiran a todos sus plumillas y foteros de todas las comparecencias sin preguntas. A ver porque narices no se niegan a distribuir las señales realizadas de los mítines y no se empeñan en que haya una cámara propia de cada medio que se pueda mover libremente por los mítines. A ver porque narices no se resisten a tanto encajonamiento como sufren los redactores durante su labor, un encajonamiento al que no se pueden resistir porque no cuentan con el suficiente respaldo de sus medios.

Últimamente, por necesidad, por obligación y por gusto, estoy leyendo varias cosas sobre política abierta y gobierno abierto. Y no dejan de llamarme la atención varias cosas. Una, que sean los propios políticos y los propios gobiernos quienes se auto califican como abiertos. Segundo, que sean esos mismos políticos y gobiernos, los que decidan cuanto de abiertos quieren ser y como. Tercero, que con un poquito que abran la puerta, los ciudadanos pareces más felices que una panda de críos ante una tienda de chuches. En algún momento vamos a tomar las riendas y a exigir lo que nos parece justo.

Claro que me parece mejor eso que nada, pero sigo pensando que es insuficiente. No me gusta nada, que me marquen lo que tengo que hacer, que me digan hasta donde puedo llegar y que me vigilen en lo que hago y como lo hago. Por eso también me rebelo contra eso que llaman gobierno abierto y política abierta. Porque me parece más otra etiqueta que una realidad. Al menos, todavía.

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