MARIANIZA EL ANISAKIS

¿Qué está haciendo el Gobierno de Mariano Rajoy para responder a la expropiación de Repsol?. Muchos españoles se hacen, esta semana, esta pregunta. Y no todos son críticos con el presidente del Gobierno y su actitud. Los hay que sí, pero también los hay que sólo muestran su perplejidad ante las claras palabras y pocas acciones conocidas hasta la fecha.

Es cierto que el ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, ha vuelto a dar ejemplo de su forma de entender las relaciones internacionales. Ofreció su sede ministerial para la primera reacción conjunta dada por el ejecutivo español. Fue claro al recordar que 1 de cada 3 conflictos en el arbitraje internacional tiene a la Argentina de Fernández como protagonista. No menos claro fue al calificar de insuficiente las primeras palabras de Hillary Clinton al respecto. Y, a la primera ocasión, consiguió que la jefa de la diplomacia de Estados Unidos aumentase la presión sobre la Casa Rosada.

Pero no es menos cierto que la inmensa mayoría de los españoles (excentricidades laristas al margen) esperaban una reacción fulminante y expeditiva desde Moncloa. Pero pasan los días y Rajoy marianiza para buscar su momento, su ocasión, su sentido y su oportunidad. Y no pocos piensan en ejemplos recientes del líder popular y se echan las manos a la cabeza. Yo, en cambio, me he dado en pensar en la muy reciente campaña electoral. ¿Por qué? Te estarás preguntando.

Pues porque en la campaña electoral del pasado mes de noviembre se habló bastante de la crisis económica y de como afrontarla. Se habló de los servicios públicos y de como protegerlos. Se habló de corrupción y de quién tenía más o menos que esconder y callar. Se habló de Europa, de Estados Unidos, de la OTAN, de Iraq, de Afganistán, de la Primavera Árabe y del nuevo orden mundial que se va gestando muy poco a poco. Pero no se dijo ni una sola palabra ni de Argentina ni de Repsol-YPF. Ni una. Y, aquí tenemos a la una y a la otra. En el centro más central de la actividad política española.

Ya se que no venía a cuento hablar de Argentina o de Repsol en la campaña de las generales del 20N. No había, por entonces, razón ni motivo. Y en este punto se cruza una de mis lecturas de estos días. Se trata de “Los principios del gobierno representativo” de Bernard Manin. Uno de esos clásicos de la ciencia política, traducido al español por el que fuera director del CIS, Fernando Vallespín. Una obra, más bien docta y espesa que, pese a todo, deja espacio para pensar y razonar a partir de las ideas de otros.

Defiende Manin, en el último capítulo, al hablar de lo que califica como “democracia de audiencia” que los electores de las modernas democracias no eligen entre propuestas, o entre programas o entre las realizaciones de los candidatos. En estas “democracias de audiencia” el voto se decide por las capacidades demostradas por los candidatos y por sus historiales. Avanzando lo que luego sería la exitosa teoría de George Lakoff, Manin asegura que las modernas democracias se centran en imágenes (los famosos frames de Lakoff).

Y yo no pude dejar de pensar en la campaña entre Rajoy y Rubalcaba. ¿Y si fuese verdad lo que dice Manin? ¿Y si los españoles decidimos entre las dos erres por sus capacidades demostradas y sus historiales y no por sus programas o por sus propuestas?. Si fuese así, no tendría demasiado sentido asegurar que tal o cual candidato nos ha mentido a los electores. Porque ninguno de los dos habló de sus capacidades y de sus historiales, sobradamente conocidos por todos los electores, por otra parte.

Me acordé, entonces, del Debate del 7 de noviembre. Aquel en el que Rubalcaba trató de sacar todas sus propuestas para contraponerlas con el NO programa y con el programa oculto que, según él, llevaba Rajoy a las elecciones. Y cuanto más lo pensaba más se abría camino la idea de que tal vez, sólo tal vez, los espectadores de aquel debate estaban evaluando el pasado y las capacidades de uno y otro, mientras ellos hablaban cada uno de lo suyo. Uno del supuesto programa oculto del otro y el otro de las responsabilidades que el uno tenía en haber llevado a España a la situación en la que se encontraba.

¡Oye, claro. Eso es! Rajoy jugó la carta de sugerir lo peor del historial de Rubalcaba, lo que ponía claramente en cuestión sus capacidades. Tal vez eso le ayudó a ganar el Debate que organizó la Academia de TV. Eso y que Rubalcaba siguió actuando como un político “anticuado”, esforzándose en desgranar las propuestas de un programa que a nadie importaba demasiado y que, desde luego, nadie se iba a leer. No, si va a resultar que Rajoy es mucho más moderno que Rubalcaba, a pesar de su aire de eterno opositor que nunca ha roto un tiesto.

Pensando en esto me di cuenta de otra cosa. Resulta que si descartamos a Leopoldo Calvo-Sotelo (no por nada, sino porque no fue elegido en las urnas) en la historia democrática de España hemos tenido 5 presidentes. Los dos situados en el centro-derecha, Adolfo Suárez y José María Aznar, tenían una cierta experiencia de gobierno. Uno había sido ministro y el otro presidente de Comunidad Autónoma. Aunque bien es cierto que los dos casi que por accidente. Los dos socialistas llegaron a La Moncloa absolutamente vírgenes de experiencia. Sólo habían dirigido a su partido como banco de puebras y los dos por un periodo más bien corto de tiempo.

Lo curioso del caso es que, en 2011, los españoles teníamos la oportunidad, por primera vez, de elegir entre dos personas con larga experiencia política y de gestión. Los dos, Rubalcaba y Rajoy, habían sido varias veces ministros, tenían una dilatada carrera parlamentaria y habían jugado un papel destacado tanto en gobiernos anteriores como en la oposición de sus respectivos partidos. Elegíamos, pues, entre dos personas de las que conocíamos, sobradamente, sus capacidades y su historial.

En unas elecciones nunca hay un único factor que las decida, ni a favor ni en contra. Pero cabe la posibilidad de que los españoles eligiesen a Rajoy, entre otras razones, porque les parecía una personas más mesurada, más tranquila, con menos tendencia al impulso y a la improvisación a la hora de tomar decisiones importantes. Incluso aunque les exasperase esa tendencia a congelar los problemas. Porque, en contra de lo que pudiera parecer, los españoles queremos el congelador para tener cubitos de hielo y helados, no para tener findus poco apetecibles.

Si todo esto es cierto, no entiendo porque ahora les entran las prisas. Ya sabemos que Rajoy trata los problemas como se trata el anisakis. Congela el pescado y se acabó el anisakis. Marianiza la situación y se acabó el problema.

Y creo que en esas estamos.

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Un comentario en “MARIANIZA EL ANISAKIS

  1. ¡Ondia!( en fino) ¡Joder! (de la huerta). No se me hubiera ocurrido nunca.
    ¿Tú crees que D. Mariano sabe lo que es el anisakis?.
    Me parece muy ocurrente.
    Si fuese capaz de establecer conexiones entre sus neuronas (¡!), no sería político. (Creo). Y hablo de capacidades.

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